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sábado, 22 de agosto de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO XIV.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO XIV

Genealogía de los amalas. - División de los godos en, visigodos y ostrogodos.


El primero de todos, según los mismos godos mencionan en sus poesías, fué Gapt, que engendró á Halmal; Halmal engendró á Augis; Augis engendró al que lleva el nombre de Amala, que es el tronco de los amalas; Amala engendró á Isarna; Isarna engendró á Ostrogota; Ostrogota engendró á Unilt; Unilt engendró á Athal; Athal engendró á Achiulfo; Achiulfo engendró á Asila y Ediulfo, Vuldulfo y Hérmerico; Vuldulfo engendró á Valeravano; Vaieravano engendró á Winitharo; Winitharo engendró á Teodomiro, Walemiro y Widemiro; Teodomiro engendró á Teodorico; Teodorico engendró á Amalasuenta; Amalasuenta engendró á Atalarico y Mathasuenta, que tuvo de su esposo Uterico y de la misma sangre que ella; porque Hérmerico, hijo de Achiulfo, de quien antes he hablado, engendró á Humiundo; Humiundo engendró á Torisrnundo; Torismundo engendró á Berimundo; Berimundo engendró á Widerico; Widerico engendró á Ertarico, y éste, siendo esposo de Amalasuenta, engendró á Átalarico y á Matasuenta. Habiendo muerto joven, Matasuenta casó con Witichis y no tuvo hijos. Belisario les llevó á los dos á Constantinopla; y habiendo muerto allí Witichis, el patricio Germano, hijo de un hermano de nuestro señor el emperador Justiniano, tomó por esposa á esta misma Matasuenta, elevándola al rango de patricia ordinaria; de ella tuvo un hijo que se llamó Germano, como su padre. Muerto Germano, su viuda resolvió no volver á casarse. En el lugar propio daremos á conocer (si tal es la voluntad del Señor) cómo tuvo fin el reinado de los amalas: ahora, volvamos á nuestro asunto, del que nos hemos separado, y hablemos del tiempo en que la nación de que se trata puso al fin término á sus correrías. El historiador Ablavio refiere que, mientras los godos, como ya hemos dicho, habitaban en la Scitia y en la ribera del Ponto Euxino, aquellos de los suyos que moraban en la parte Oriental y que tenían por jefe á Ostrogota, fueron llamados ostrogodos (ignórase si por el nombre del jefe ó por su posición oriental); y que los otros, los establecidos al Occidente, recibieron el nombre de visigodos. Ya hemos dicho que después de atravesar el Danubio habitaron por algún tiempo en la Mesia y en la Thracia.

domingo, 19 de julio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPÍTULO XIII.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPÍTULO XIII

Dorpaneo, rey de los godos.—Sus victorias contra los romanos durante el reinado de Domiciano.— Anses.

Mucho tiempo después, bajo el reinado del emperador Domiciano, desconfiando los godos de su avaricia, rompieron la alianza que habían ajustado antiguamente con otros emperadores, pusieron en fuga á los soldados y generales romanos y devastaron la ribera del Danubio, de la que estaba el Imperio en posesión desde mucho tiempo. Había sucedido á Agripa Pompeyo Sabino en el gobierno de aquella provincia; los godos, por su parte, tenían por rey á Dorpaneo: llegóse á las manos; los godos derrotaron á los romanos, cortáronla cabeza á Pompeyo Sabino, y apoderándose de considerable número de fortalezas y ciudades pertenecientes ál Emperador, las saquearon. En la extremidad á que se hallaban reducidos sus subditos, Domiciano se apresuró á pasar á la Iliria (1) con todas sus fuerzas, y dio orden a Fusco, á quien confió el mando de casi todas las fuerzas militares del Imperio, para que cruzase el Danubio por un puente de barcas con soldados escogidos y que marchase contra el ejército de Dorpaneo; pero los godos no se dejaron sorprender. Empuñaron las armas, y desde el primer encuentro deshicieron á los romanos, mataron á su general Fusco y saquearon su campamento después de asaltarlo. Con ocasión de esta gran victoria dieron los godos el nombre de anses, es decir, semidioses, á sus jefes, porque les parecían excesivamente favorecidos por la fortuna para no ser más que mortales. Ahora voy á exponer brevemente su genealogía: escuchadme, pues, vosotros que imparcialmente me leéis, y os diré con exactitud de qué padre desciende cada uno de ellos, quién fué el tronco de su raza y quién el último vástago.

(1) Domiciano no fué personalmente contra los dacios, sino que envió á sus generales, lo que no le impidió decretarse doble triunfo, que fué una irrisión según Tácito. (Agrícola XXXIX.)

martes, 30 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPÍTULO XII.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO XII

Corilo, rey de los godos.—Dacia antigua. Su situación.—Descripción del Danubio.

Habiendo muerto Comosico, subió al trono Corilo y reinó sobre los godos cuarenta años en la Dacia. Refiérome á la antigua Dacia, la que, como es sabido, ocupan actualmente los gépidas. Esta comarca, situada enfrente de la Mesia, al otro lado del Danubio, está rodeada por un cinturón de montañas y no tiene más que dos salidas, llamadas Bontas la una y Tabas la otra. Llamada Dacia antiguamente, después Gocia, bajo los godos, actualmente, como ya dijimos, lleva el nombre de Gepidia. Limítanla al Oriente los roxolanos; al Poniente los tamacitas; al Septentrión los sármatas, y á Mediodía la corriente del Danubio, separando el curso del río á los tamacitas y roxolanos. Pero ya que acabo de mencionar el Danubio, creo que no será superfluo indicar aquí algunas particularidades notables. Tiene este río su origen en el país de los alemanes, y recibe sesenta ríos desde su nacimiento hasta el Ponto Euxino, donde desemboca. Estos ríos, que surcan sus orillas á derecha é izquierda en espacio de mil doscientos pasos, le dan figura de aleta de pescado. Cuando toma el nombre de Hister, que los bessos le dan en su lengua, adquiere prodigiosa anchura, y sus aguas alcanzan hasta doscientos pies de profundidad. Así es que este inmenso río sobrepuja á todos los demás, no teniendo otro rival que el Nilo. Pero ya hemos hablado bastante del Danubio: con auxilio del Señor, volvamos á nuestro asunto, de que nos hemos separado.

jueves, 18 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPÍTULO XI.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPÍTULO X I

Llega Boroista Diceneos á las tierras de los godos.—Les enseña la filosofía y adquiere gran prestigio entre ellos.—Le sucede Comosico.

Más adelante y en el tiempo en que Sila se apoderó de la dictadura en Roma, vino á Gocia Boroista Diceneo. Tenían á la sazón por rey los godos á Sitaclo, que se aficionó mucho á Boroista Diceneo, invistiéndole de autoridad casi soberana. Por consejo suyo talaron los godos las tierras de los germanos, que actualmente ocupan los francos. César, que fué el primero que se arrogó el poder supremo en Roma; César, que sometió á su autoridad casi el mundo entero, y subyugó no solamente los reinos, sino también las islas que el Océano separa de nuestro continente; César, que hizo tributarios de Roma á aquellos mismos que Jamás habían oído pronunciar su nombre; César, repito, intentó muchas veces dominar á Ios godos, pero sin conseguirlo. Reina Tiberio, y es el tercer emperador que cuentan, los romanos, y los godos conservan, sin embargo, su independencia. Estos aspiran entonces á la única cosa útil é importante á sus ojos: seguirlos consejos de Diceneo y cumplir puntualmente sus preceptos. Viendo éste su docilidad para obedecerle, y encontrando en ellos natural inteligencia, les enseñó casi todas las ramas de la filosofía, porque era hábil maestro en esta ciencia. Enseñóles moral para desterrar sus bárbaras costumbres; física para hacerles vivir, en conformidad con la Naturaleza, bajo las leyes que les dió, leyes cuyo texto escrito conservan todavía los godos, al que llaman Bellagines. Enseñóles lógica, haciendo por este medio superior su razón á la de los otros pueblos. En fin, mostróles la práctica, exhortándoles á no hacer de sus vidas otra cosa que serie continua de buenas acciones. En seguida les dio á conocer la teoría, y, descubriéndoles todos los secretos de la astronomía, les explicó los doce signos del Zodíaco, la marcha de los planetas á través de estos signos, cómo el disco de la Luna aumenta y disminuye, y les hizo ver cuánto mayor es que la Tierra el abrasado globo del Sol. En fin, les hizo saber los hombres de trescientas cuarenta y cuatro estrellas, y por qué signos pasan para acercarse ó separarse del polo celeste en su rápido curso de Oriente á Occidente. Y yo os pregunto: ¿Cuánta debió ser la constancia de aquellos animosos hombres para sacrificar de esta manera al estudio de la filosofía los pocos días que pasaban sin combatir? Habríais visto al uno contemplando el estado del cielo; al otro estudiando las diferentes influencias de la Luna; á éste, sea un eclipse de Sol, sea la ley que lleva á este astro al Oriente, cuando arrastrado por la evolución del cielo precipita su carrera hacia Occidente. Habiendo enseñado Diceneo estas cosas y otras muchas á los godos, consideráronle éstos como ser sobrenatural, por lo que gobernó no solamente los pueblos, sino también a los reyes. Eligió entre ellos á los varones más nobles y sabios, les instruyó en las cosas de la religión, les inició en el culto de algunas divinidades y de sus altares, é instituyó sacerdotes, á los que llamó Pileati, creo que en atención á que celebraban los sacrificios con la cabeza cubierta con una tiara, á la que damos el nombre de pileus. Dispuso que se diese el nombre de capillati al resto de la nación; y de tal manera honran este nombre los godos, que hoy mismo lo mencionan en sus cánticos. Después de la muerte de Diceneo, profesaron casi igual veneración á Comosico, cuya sabiduría igualaba á la del anterior. Éste, á causa de sus vastos conocimientos, fue á la vez rey y pontíñce de los godos, y juzgaba á los pueblos en su justicia.

lunes, 15 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO X.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO X

Guerras de Cyro contra Tamaris, reina de los getas.—Ciudad de Tamaris, fundada en Mesia.—Guerra de Darío y de Jerjes contra los godos.—-Alianza de Filipo con los godos.—Irrupción de éstos en Grecia.

Largo intervalo había mediado desde entonces, seiscientos treinta años próximamente, cuando, según asegura Pompeyo Trogo, Cyro, rey de los persas, emprendió contra Tamaris, reina de los getas, una guerra que le fué fatal. Enorgullecido por la conquista del Asia, intentó subyugar á los getas, sobre los que reinaba Tamaris, según acabamos de decir. Podía ésta detener á Cyro en el paso del Arapes, pero dejó que lo cruzase, prefiriendo deber la victoria á su brazo que á la ventajosa posición que ocupaba. Y así sucedió. A la llegada de Cyro fué primeramente tan favorable la fortuna á los parthos, que destrozaron al hijo de Tamaris y al numeroso ejército que mandaba; pero en otra batalla los getas, mandados por su reina, vencieron á los parthos, haciendo terrible carnicería y arrebatándoles rico botín. Entonces fué cuando los godos vieron por primera vez tiendas de seda. Después de la victoria, encontrándose la reina Tamaris en posesión del inmenso botín cogido al enemigo, pasó á la parte de la Mesia que hoy se llama Scitia menor, nombre que ha tomado de la grande Seitia, y fundó en aquel país, donde después fue adorada, una ciudad que, de su nombre, se llamó Tamaris. Más adelante, Darío, rey de los persas é hijo de Hystaspis, pidió en matrimonio á la hija de Antriregiro, rey de los godos, empleando ruegos primeramente y después amenazas para el caso en que no se accediese á su petición. Pero los godos rechazaron con desprecio aquella unión y desvanecieron las esperanzas de los embajadores. Enfurecido al verse rechazado, Darío hizo marchar contra ellos un ejército de ochenta mil hombres, sacrificando de esta manera la sangre de sus súbditos á la venganza de una injuria personal. Estableció un puente de barcas desde las inmediaciones de Calcedonia hasta Bizancio, y pasó á la Thracia y después á la Mesia. Otro puente semejante había construido sobre el Danubio; pero fatigado por reiterados ataques, en los que perdió ocho mil hombres en dos meses, y temiendo que el enemigo se apoderase de su puente sobre el Danubio, huyó precipitadamente, volviendo a la Thracia sin atreverse siquiera á detenerse en la Mesia, en la que no se encontraba bastante seguro. Después de su muerte, su hijo Jerjes, queriendo vengar la derrota de su padre, marchó contra los godos á la cabeza de doscientos mil persas y de trescientos mil auxiliares. Tenía, además, setecientas naves de guerra y tres mil de transporte, y, sin embargo, fracasó en su empresa, teniendo que ceder al obstinado valor de los godos. Regresó, pues, como había venido, sin librar ningún combate y sin llevar otra cosa que vergüenza. Más adelante, Filipo, padre de Alejandro Magno, hizo amistades con los godos y tomó por esposa á Medopa, hija del rey Gothila. Este matrimonio, al hacerle iQás fuerte, le ponía tam-bién en condiciones de robustecer el imperio macedónico; y, sin embargo, por aquel mismo tiempo, según refiere Dion, falto de dinero Filipo, reunió un ejército con el propósito de saquear la ciudad de Udisitana, en la Mesia, cuya ciudad, estando inmediata á la de Tamaris, obedecía entonces á los godos. Pero, al aproximarse, parte de los sacerdotes godos, aquéllos á quienes llaman los piadosos, se apresuraron á abrir las puertas de la ciudad y salieron á recibirle, llevando cítaras y vestidos de blanco, pidiendo con suplicantes cánticos á los dioses de sus padres que les fuesen propicios y alejase de ellos á los macedonios. Viéndoles éstos venir hacia ellos con tanta confianza, quedaron sorprendidos, y, si es posible hablar así, guerreros armados se encontraron dominados por hombres débiles é inermes. Aquel ejército, reunido para combatir, se dispersó en el acto; y no solamente respetaron los macedonios aquella ciudad, cuya, destrucción parecía segura, sino que hasta devolvieron aquellos habitantes suyos que, encontrándose fuera de las murallas, habían caído en su poder, según las leyes de la guerra, y regresaron á su país después de ajustar un tratado con los godos. Mucho tiempo después, en recuerdo de esta perfidia, el ilustre jefe de los godos, Sitaclo, al frente de ciento cincuenta mil guerreros marchó á hacer la guerra á los atenienses, ó más bien á Perdicas, rey de Macedonia; porque Alejandro, muriendo en Babilonia de la bebida emponzoñada que la traición de un oficial suyo le había preparado, había designado á Perdicas para reinar después de él sobre los atenienses. Sitaclo tuvo con él empeñado combate, en el que quedaron vencedores los godos; y de esta manera, por vengar una injuria que antiguamente habían recibido de los griegos en la Mesia, los godos hicieron irrupción en la Grecia y devastaron toda la Macedonia.

viernes, 12 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO IX


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO IX

Los godos casados con amazonas.—El rey Telefo.—Su origen.
Situación de la Mesia.-—Empresas de Telefo.— Su muerte.

Mas para que no digáis que habiéndome propuesto hablar de los godos insisto demasiado en sus mujeres, oid ahora las grandes hazañas de estos varones. Un historiador muy diligente en la investigación de las antigüedades, Dion, en la obra que tituló Gétila, y ya hemos demostrado más arriba que los getas eran godos, según el testimonio de Paulo Orosio; Dion, repito, habla de uno de sus reyes llamado Telefo, que vivió en tiempos mucho menos lejanos de los referidos. Y no se diga que este nombre es extraño á la lengua goda, porque nadie ignora que el uso hace familiares á los pueblos muchos nombres que se apropian: así, pues, los romanos los tomaron frecuentemente de los macedonios, los griegos de los romanos, los sármatas de los germanos, los godos de los hunnos. Este Telefo, hijo de Hércules y de Auge, hermana de Priamo, fué casado, siendo muy notable por su elevada estatura y mucho más por sus temibles fuerzas, igualando su valor al de su padre Hércules, cuyas facciones y carácter reproducía. Fué su reino el país que nuestros antepasados llamaron Mesia, limitado al Oriente por la desembocadura del Danubio, por la Macedonia al Mediodía, á Poniente por la Histria, y otra vez por el Danubio al Septentrión. Telefo guerreó con los griegos y mató á su jefe Tesandro; y cuando en el combate al atacar á Ajax y persiguiendo á Ulises cayó su caballo arrastrándole, Ulises le clavó la lanza en un muslo, causándole una herida de que no pudo curar en mucho tiempo; sin embargo, aunque herido, rechazó á los griegos de sus fronteras. A la muerte de Telefo le siguió su hijo Euripilo, cuya madre era hermana de Priamo, rey de los frigios. Por cariño á Casandro, y deseando socorrer á su padre y parientes, quiso tomar parte en la guerra de Troya, pereciendo á su llegada.

martes, 2 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO VIII


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO VIII

Matrimonios de las amazonas con los pueblos vecinos.
Cómo trataban á sus hijos recién nacidos.

Temiendo éstas que se extinguiese su raza, pidieron esposos á los pueblos vecinos, conviniendo con ellos reunirse" una vez al año, de manera que, en adelante, cuando viniesen á buscarlas, entregarían á los padres todos los varones que hubiesen nacido, mientras que las madres instruirían en los combates á las hembras. O bien, según refieren otros, cuando daban á luz varones, les odiaban mortalmente y les arrancaban la vida. Así, pues, el alumbramiento, saludado, como es sabido, con transportes de alegría en todo el resto del mundo, entre ellas es abominable. Esta reputación de barbarie extendía en derredor de las amazonas profundo terror; porque, pregunto yo: ¿qué podía esperar el enemigo prisionero de mujeres que no perdonaban ni á sus hijos? Refiérese que Hércules combatió contra las amazonas y que Melanés las sometió más por astucia que por fuerza. Teseo á su vez se apoderó de Hipólita, de la que tuvo á su hijo Hipólito. Después de ésta tuvieron las amazonas por reina á Pentesilea, cuyas hazañas en la guerra de Troya han llegado hasta nosotros. Créese que el imperio de estas mujeres llegó hasta Alejandro Magno.

miércoles, 27 de mayo de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO VII.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO VII

Las amazonas.—Sus guerras.—Fundan el templo de Epheso. Descripción del Cáucaso.

Después de su muerte, mientras su ejército, bajo las órdenes de su sucesor, realizaba una expedición á otras comarcas, un pueblo vecino atacó á las mujeres de los godos, queriendo apoderarse de ellas; pero resistieron valerosamente á los raptores y rechazaron ignominiosamente al enemigo que caía sobre ellas. Esta victoria aseguró y acrecentó su audacia: excitáronse unas á otras, empuñaron las armas y eligieron para mandarlas á Lampeto y Marpesia, dos de ellas que habían mostrado mucha resolución. Queriendo éstas llevar la guerra al exterior y atender al mismo tiempo á la defensa del país, se sortearon, tocando á Lampeto quedarse para guardar las fronteras. Entonces Marpesia se puso á la cabeza de un ejército de mujeres y llevó al Asia aquellos soldados de nueva especie. Sometiendo allí los pueblos, unos por las armas y conciliándose otros por amistad, llegó al Cáucaso, donde permaneció algún tiempo, y dió su nombre al paraje donde se detuvo: roca de Marpesia. Así lo dice Virgilio:

Como dura sílice 6 roca de Marpesia.

En este punto fué donde más adelante Alejandro Magno estableció puertas-que llamó Pylas Caspianas y que hoy guarda la nación de los lazos para defensa de los romanos. Después de permanecer algún tiempo en aquel país, cobraron valor las amazonas; salieron de él, y cruzando el río Alys, que corre cerca de la ciudad de Gargano, subyugaron con fortuna nunca desmentida la Armenia, la Siria, la Oilicia, la Galacia, la Pisidia y todas las ciudades del Asia: después volvieron hacia la Jonia y la Etolia, y sometieron estas provincias. Allí se prolongó su dominación y hasta fundaron ciudades y fortalezas, á las que dieron su nombre. En Epheso elevaron á Diana, á causa de su pasión por el tiro del arco y la caza, ejercicios á que siempre se habían entregado, un templo maravillosamente hermoso en el que prodigaron riquezas. Habiendo hecho la fortuna de la manera dicha á las mujeres de la nación de los scitas dueñas del Asia, la conservaron cerca de cien años, y al fin volvieron al lado de sus compañeros, en las montañas Marpesianas, de que ya hemos hablado, esto es, al monte Cáucaso. Y como nuevamente nos ocupamos de este monte, creo que no está fuera de mi asunto describir la cadena y su posición; tanto más, cuanto que, como es sabido, rodea sin interrupción la parte más grande del mundo. Surge el Cáucaso del Océano Indio; la vertiente que mira á Mediodía está desecada y abrasada por el sol, mientras que la que da al Septentrión se encuentra azotada por fuertes vientos y por nieves. Este monte se replega en seguida sobre la Siria, donde forma un ángulo curvo; da origen á numerosos ríos del Asia, entre ellos el Eufrates y el Tigris, haciéndoles correr de perennes manantiales como de fecundos pechos. Estos ríos, navegables según la opinión más general, abrazan la tierra de los asirlos, dan su nombre á la Mesopotamia, llevan á ella los viajeros y descargan sus aguas en el mar Rojo. El Cáucaso vuelve en seguida hacia el Norte y corre por la Scitia formando largos circuitos. Allí lleva al mar Caspio otros ríos muy conocidos, tales como el Araxes, el Cissus, el Cambises, y avanza sin interrupción hasta los montes Rífeos. Desde allí desciende al Ponto, y su elevación sirve de barrera á los pueblos scitas. En fin, únense sus cumbres y viene á tocar al Ister en el punto donde se divide este río. Además del nombre de Cáucaso, lleva también en Scitia el de Tauro. Tal es, pues, este monte tan grande, el más grande quizá de todos; ese monte cuyas atrevidas cumbres ofrecen á las naciones natural é inexpugnable parapeto. Por intervalos su cadena se rompe ó se entreabre, formando desfiladero, llamándose puertas Caspianas, Armenianas ó Cilicianas, según el país donde se encuentra el desfiladero. Apenas puede pasar un carro por ellos, y las paredes están cortadas á pico. El nombre del Cáucaso varía según las diferentes naciones: el indio le llama Jamnio y después Propanismo; el partho le llama primero Castra y más adelante Niface; el sirio y el armenio, Tauro; el scita, Cáucaso y Rifeo; y allí donde concluye otra vez, Tauro. Otros nombres existen también que los pueblos han dado á este monte; pero ya hemos hablado bastante de
él; volvamos á las amazonas que hemos dejado.

martes, 19 de mayo de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO VI



HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO VI

Derrotan los godos al rey de Egipto. - Vesosis. - Sus conquistas en Asia. - Origen de los parthos.

Permanecían, pues, los godos en la Scitia, cuando Vesosis, rey de los egipcios, fué á hacerles guerra. Tenían á la sazón por rey á Taunasis, y cerca del Phaso, ese río de donde proceden las aves fasimas que en todo el mundo abundan en los festines de los grandes, el rey de los godos encontró al de los egipcios, batiéndolo rudamente y persiguiéndole hasta Egipto; y si las aguas del Nilo ó las fortificaciones que en otro tiempo hizo construir Vesosis á causa de las incursiones de los etíopes no le hubiesen detenido, le habría exterminado en su propio país. Pero no pudiendo derrotarle en sus posiciones, que no abandonaba, regresó y subyugó á casi toda el Asia; y como estaba unido por amistad con Sorno, rey de los medos, dejóle su trono á condición de que le pagaría tributo. Sin embargo, algunos de su victorioso ejército, contemplando la extraordinaria abundancia de las provincias conquistadas, se separaron voluntariamente de sus compañeros y se establecieron en Asia. Según Trogo Pompeyo, de éstos arranca el origen de los parthos, por cuya razón todavía se les llama hoy en lengua scítica fugitivos, porque esto significa la palabra partho. No desmienten éstos su raza, siendo casi los únicos pueblos del Asia que saben manejar el arco y que muestran grande intrepidez en las batallas. En cuanto al nombre de parthos ó fugitivos que les hemos dado, he aquí la etimología, según algunos: fueron llamados parthos por haber abandonado á sus padres. Habiendo muerto el rey de los godos Taunasis, sus pueblos le pusieron en el rango de los dioses.

lunes, 11 de mayo de 2015

JORDANES: Historia de los Godos - Capítulo V.



HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO V

La Scitia. —Su situación.—Sus pueblos.—Ocupaciones sucesivas de la Scitia por los godos.—El Tanges.   —El Boristenes-

Confina la Scitia con la Germania, sea en el punto donde comienza el Ister, sea por el mar de Misia, extendiéndose hasta los ríos Tyras, Danastro, Vagorola y hasta ese otro caudaloso río que lleva, como el Ister, el nombre de Danubio: avanza hasta el monte Tauro, no el de Asia, sino otro que forma parte de este suelo, es decir, el Tauro scítico:; sigue todos los contornos de la Meótida, el estrecho del Bosforo, hasta el monte Cáucaso y el rio Araxes; después, inclinándose á la izquierda, y pasando detrás del mar Caspio, no termina hasta los últimos límites del Asia, á orillas del océano Earoboreo, teniendo forma de hongo, primeramente estrecha, y ensanchándose á lo lejos, va á tocar al país de los hunnos, de los albaneses y de los seros. La Scitia, en su infinita longitud, en su inmensa anchura, encuéntrase limitada, del lado del Oriente y en el mismo punto donde comienza, por los seros, que viven en las inmediaciones del mar Caspio; al Occidente por los germanos y el río Vístula; por el lado de la Osa ó del Septentrión, rodéala el Océano; al Mediodía por la Persia, la Albania, la Hiberia, el Ponto y el extremo del Ister llamado Danubio, desde su desembocadura hasta su nacimiento. El lado que toca al Ponto Euxino está lleno de ciudades cuyos nombres distan mucho de ser obscuros: Boristénides, Olbia, Calípoda, Quersonea, Teodosia, Pareona, Mirmiciona y Trapezunta, ciudades que las indómitas naciones de los scitas permitieron fundar á los griegos á fin de poder comerciar con ellos. Hay un paraje en medio de la Scitia que separa el Asia de Europa, y son los montes Rifeos, de los que brota el Tañáis, ese río inmenso que penetra en la Meótida, la cuya profundidad no pasa en ninguna parte de ocho varas.
El primer pueblo que habita la Scitia al Occidente es el de los gépidos, cuyo territorio lo rodean grandes y famosos ríos; teniendo al aquilón el Tisiano, al viento del África el Danubio; por el lado del Euro el escarpado lecho del Tausis, cuyas giratorias y rápidas ondas se precipitan con furia en las del Ister. En su seno comprende la Dacia, defendida por escarpados montes, dispuestos en forma de corona. Contra su lado izquierdo, que mira al Aquilón y avanza á través de inmensos espacios hasta el nacimiento del Vístula, encuéntrase establecido el numeroso pueblo de los vuínidos. Aunque el nombre de este pueblo varía hoy según las diferentes tribus que lo componen y los parajes que habitan, sin embargo, se les designa generalmente con el nombre de sclavinos y con el de antos. Los sclavinos se extienden desde Civita-Nova, el paraje llamado «tfímnus rumunnensis y el lago Muriano, hasta el Donastro, y al Norte hasta el Vístula. Éstos sólo tienen por ciudades los pantanos y los bosques. Los antos, que son los más valientes de los dos, avanzan en círculo á orillas del mar del Ponto, extendiéndose desde Danastro hasta el Danubio. Considerable número de jornadas de camino separan estos dos ríos. En la orilla del Océano, á la derecha donde por tres brazos queda absorbido el caudal del Vístula, habitan los vidoarianos, aglomeración de hombres de diferentes naciones. Después de éstos, y también en las orillas del Océano, están establecidos los itemestos, raza enteramente pacífica. Al Mediodía de éstos, y cerca de ellos, habitan los agaciros, nación muy valerosa, que ignora el uso de los frutos y solamente vive de sus ganados y de la caza. Más allá de éstos se extienden, por el mar del Ponto, los establecimientos de los búlgaros; que, por nuestros, pecados, han llegado á ser desgraciadamente muy célebres. Allí fue donde en otro tiempo las belicosas naciones de los hunos crecieron como espesa hierba, para hacer doble y furiosa irrupción sobre los pueblos; porque los hunnos están divididos en dos ramas, la de los aulzigros y la de los aviros, que habitan diferentes comarcas. Los aulzigros frecuentan las cercanías de la ciudad de Quersona, donde el ávido mercader transporta los ricos productos del Asia. Durante el estío vagan por inmensas llanuras despejadas, no deteniéndose más que donde encuentran pastos para sus rebaños, y en invierno se retiran.al mar del Ponto. Los hunugaros son conocidos por las . pieles de marta que suministran al comercio. He aquí los hunnos que se han hecho temibles á hombres cuya intrepidez es, sin embargo, muy grande. Éstos de que hablamos ahora han habitado, según nos enseñan los libros, primeramente en la Scitia, á orillas de la Palus Meótida; después en la Mesia, la Thracia y la Dacia; en tercer lugar en el mar del Ponto; después otra vez en la Scitia. Pero en ningún autor hemos encontrado el relato fabuloso que les hace caer antiguamente en esclavitud, sea en la Bretaña, sea en otra isla cualquiera, donde se rescataron á precio de un caballo. Y si alguno refiere de otra manera que nosotros su aparición en la parte del Universo que habitamos, producirá ruido desagradable á nuestros oídos, porque preferimos estar á lo que hemos leído, que dar fe á cuentos de vieja. Mas volviendo á nuestro asunto, mientras la nación de que hablamos habitaba la parte de la Scitia que linda con la Palus Meótida, tuvo, comó es sabido, á Filimer por rey. En las comarcas que ocupó en segundo lugar, es decir, en la Dacia, la Thracia y la Mesia, la gobernó Zamolxes, filósofo cuya prodigiosa ciencia atestiguan la mayor parte de los autores. Antes de Zamolxes había tenido hombres de gran saber, tales como Diceneus, y antes de éste Zeustas. Así, pues, los godos no carecieron de maestros para aprender la filosofía, razón por la cual fueron siempre más ilustrados que la mayor parte de los bárbaros y llegaron casi á igualar á los griegos, según dice Dion, que escribió su historia en lengua griega. Este escritor dice que los nobles entre ellos llevaron primeramente el nombre de Zarabi Terei, y después el de Pileati, eligiendo de esta clase los reyes y sacerdotes. En fin, en tan grande estima estuvieron antiguamente ios getas, que se hizo nacer entre ellos á Marte, el dios de la guerra, según las, ficciones de los poetas; así es que dice Virgilio:

El infatigable Marte, adorado por los getas.

Los godos tributaron durante siglos culto bárbaro á este dios, porque persuadidos de que nada podía ser tan agradable al árbitro de las batallas como la efusión de sangre humana, no le sacrificaban otras víctimas que los prisioneros que cogían. También le consagraban las primicias del botín, colgando en honor sujo despojos en los árboles; y su celo por su culto, preferido á todos los demás, procedía de que creían invocar el nombre del padre común al invocar el suyo. Los godos habitaron en tercer lugar cerca del mar del Ponto; y en esta época se habían hecho más humanitarios y esclarecidos, como antes dijimos. La nación estaba dividida en familias; los visigodos obedecían á la de los balthos; los ostrogodos á los ilustres ámalos. Distinguíanse de los pueblos vecinos por su habilidad como arqueros, según atestigua Lucano, más historiador que poeta:

Tender el arco de Armenia con cuerda gótica.

Antes de entregarse á este ejercicio celebraban con cánticos, acompañándose con la cítara, las hazañas de sus antepasados, Ethespamara, Hanala, Fridigerno, "Widicula y otros, tenidos en grande estima por esta nación y á quienes la antigüedad, que sin cesar se nos propone á nuestra admiración, apenas puede comparar sus héroes más famosos. Por entonces, según se dice, promovió Vesosis guerra á los scitas, que resultó perjudicial para él. Me refiero ahora á aquéllos que testimonios antiguos nos presentan como esposos de las amazonas, guerreras famosas de quienes habla Orosio en el libro primero de su historia; de lo que deducimos la prueba incontestable de que aquel rey combatió contra los godos, cuando atacó, según nuestra certeza, á los esposos de las amazonas. Habitaban éstos entonces alrededor de la Palus Meótida, desde el río Boristhenes, al que llaman Danubio los habitantes de sus riberas, hasta el río Tañáis. Esté río Tañáis de que hablo es el que, cayendo de las montañas Rifeas, se precipita con tanta rapidez, que mientras se hielan los ríos inmediatos y hasta la Meótida y el Bosforo, solo, calentado por su carrera entre ásperas montañas, resiste al intenso frío de la Scitia y jamás se congela. Este río es el que forma el célebre límite entre Asia y Europa, y otro es el Tañáis, que brota en las montañas de los Crinos y se pierde en el mar Caspio. En cuanto al Danubio, brota de vasta laguna, desde la que se extiende como un mar. Hasta mitad de su curso sus aguas son buenas y potables; produce exquisitos peces que no tienen espinas, sino solamente un cartílago para sostenerles el cuerpo; pero al acercarse al Ponto, recibe un afluente pequeño, llamado Asufeo, que es de tal manera amargo, que, á pesar de que todavía conserva la longitud de cuarenta días de navegación, aquel hilo de agua lo cambia, lo corrompe y le hace desconocido, hasta que penetra en el mar entre las ciudades griegas Calípidas é Hipanis. Enfrente de su desembocadura se encuentra una isla llamada Aquilis: y entre estos dos ríos extiéndese vasto territorio, sembrado de bosques y cubierto de peligrosas lagunas.

domingo, 3 de mayo de 2015

JORDANES: Historia de los Godos - Capítulo IV.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO IV

Los godos salieron de la isla de Scanzia.—Sus progresos y su
ocupación de la parte de Scitia inmediata al Ponto Euxino.

Supónese que los godos con su rey, llamado Berig, salieron antiguamente de esta isla Scanzia, recipiente de naciones ó vivero de pueblos. En cuanto saltaron de sus naves y tocaron tierra, dieron su nombre al paraje á que acababan de abordar, llamándose todavía hoy, según se dice, Gotiscanzia, Inmediatamente marcharon desde allí contra los ulmerugos, establecidos entonces en las orillas del Océano, los atacaron después de haberse apoderado de su campamento y los arrojaron de las tierras que ocupaban. Poco después subyugaron á los vándalos, vecinos de este pueblo, y los añadieron á sus conquistas; y como el número de los godos había aumentado considerablemente durante su permanencia en aquel país, Filimer, hijo de Gandarico y quinto de sus reyes después de Berig, tomó, al principio de su reinado, la resolución de salir, partiendo á la cabeza de un ejército de godos, seguido de su familia y poniéndose en busca de un país que le conviniese y en el que pudiera establecerse cómodamente, llegando á las tierras de la Scitia, que los godos llamaban en su lengua Ovim. Pero, después de haber gozado de la gran fertilidad de aquellas comarcas, queriendo el ejército cruzar un río por medio de un puente, y habiendo pasado ya la mitad al otro lado, dícese que el puente se derrumbó y ya no pudo ninguno avanzar ni retroceder; porque, á lo que parece, aquel lugar está cerrado por un abismo rodeado de pantanos de suelo movedizo, de manera que, confundiendo la tierra con el agua, parece que la naturaleza ha querido hacerlo inaccesible. La verdad es que hoy todavía se oyen allí mugidos de rebaños y se descubren huellas humanas, según atestiguan viajeros á quienes se puede creer, á pesar de que han oído estas cosas desde lejos. En cuanto á aquellos godos que, bajo la dirección de Filimer, llegaron á la tierra de Scitia, después de pasar el río, como ya se ha dicho, tomaron posesión del país objeto de sus deseos. Después, sin perder tiempo, marcharon contra la nación de los spal¡, pelearon y alcanzaron la victoria. En fin, desde allí avanzaron rápidamente y como vencedores hasta el extremo de la parte de la Scitia que linda con el Ponto Euxino. Así lo refieren en general sus antiguas poesías, casi en forma histórica, y esto atestigua también en su muy verídica historia Ablabio, autor notable que escribió acerca de la nación de los godos, siendo también ésta la convicción de algunos otros escritores antiguos. En cuanto á Josefo, ese historiador tan fiel á la verdad y tan digno de fe, ignoramos por qué, cuando tanto registra los tiempos remotos, guarda silencio acerca de estos orígenes de la nación de los godos que acabamos de exponer. Diremos, sin embargo, que, mencionando á los godos desde su llegada á Scitia, asegura que sé les consideraba como scitas y que se les daba este nombre. Pero ya que acabamos de mencionar la Scitia, antes de pasar á otra cosa, necesario es que la describamos y señalemos sus límites.

sábado, 2 de mayo de 2015

Jordanes y la emigración y fama de los godos.





JORDANES Y LA EMIGRACIÓN Y FAMA DE LOS GODOS

Jordanes es el primer historiador que ha escrito la historia de una estirpe germánica: la de los godos. Se remonta a su patria imaginaria: Götaland, el sur de Suecia, y sigue su emigración comenzando por la llegada de los godos a las bocas del río Vístula.

Hay que notar que el estímulo que llevó a Jordanes (1), recopilador y epitomizador de la Gothorum historia de Casiodoro, compuesta entre 526 y 533, y denominada Getica en el resumen de Jordanes que sería terminado lo más tarde el 552, a escribir su obra fue que el trasiego con pueblos extranjeros del decadente Imperio Romano de Occidente y del incipiente Imperio Romano de Oriente o Bizantino hacía necesario escribir la historia de estos pueblos, entre los cuales destaca el más famoso de todos: el de los godos, el cual va a dejar huellas indelebles en la historia de nuestro país España y justamente fueron ellos quienes hicieron que se constituyese la primera unidad política de la Península Ibérica con su centro de decisión en ella. No hay que olvidar que la Hispania Romana jamás constituyó una unidad política en sí misma, sino unas provincias dependientes de la capital del Imperio: Roma.

De la fama de los godos es prueba un documento del Medievo sueco; la Gutasaga (2), en la que se recogen diferentes estratos temporales de la historia de la isla de Gotland y que se data en el siglo XIII. Aquí hay que puntualizar que los godos no emigraron al continente desde esta isla, sino desde el sur de la Península Escandinava, es decir, desde Götaland. En la Gutasaga (3) a la que aludimos se narra el nacimiento de tres hermanos en la isla de Gotland y al no haber víveres suficientes para alimentar a los habitantes de las tres porciones en que han dividido la isla echan a suertes quién se debe quedar y los dos que deben emigrar, los cuales llegan a Bizancio por Rusia. Esta leyenda es un eco de la emigración de los godos en Jordanes. Los tres hijos de Haude (Gute, Graip y Gunnfjann), quien a su vez era hijo de Tjälvar, el héroe civilizador de la isla Gotland, encuentran un paralelo en Tácito, Germania II, 3, donde el historiador romano dice que los poemas de los germanos se refieren a Mannus, hijo de Tuisto, el cual era antepasado de su nación y que había tenido tres hijos, los cuales habían dado nombres a las estirpes germánicas: Ingaevones, Herminones e Istaevones. Por otra parte, Heródoto, I, 94, habla de que el rey de los lidios echó a suerte quién debía quedarse en el país y quién debía emigrar. El grupo que partió, el cual estaba capitaneado por el hijo del rey lo hizo por Σμύρνη (Esmirna), donde construyó barcos, y tras un largo periplo llegó al país de los umbros (Umbría), donde fundó ciudades y cambió su nombre por el de tirrenios. Se puede observar por tanto que hay un fondo histórico común a estas narraciones legendarias de emigraciones de pueblos. En la sección segunda de la Gutasaga se regulan jurídicamente las relaciones entre los habitantes de la isla de Gotland y los suecos. Los habitantes de Gotland se ponen bajo la protección del rey de Svea y le pagan tributo anualmente. En la tercera sección se narra la venida del rey Olov el Santo. La cuarta sección trata de la penetración del cristianismo en Gotland con la consiguiente construcción de iglesias mientras que en la quinta se habla de la regulación del derecho eclesiástico en Gotland y de su unión con el obispado de Linköping. La sexta y última parte versa sobre las regulaciones jurídicas en lo que atañe las relaciones con el rey de Suecia. Resumiendo, la Gutasaga pone como causa de la emigración el que el incremento de la población impedía que se pudiese alimentar a todos y entonces se echa a suerte quién debía emigrar; la consecuencia de la emigración es la difusión de la ley de los godos fuera de las tierras escandinavas. Existe, pues, un intento de racionalización tras la leyenda. La emigración de los godos desde la patria escandinava ha sido siempre un punto de discusión (4).

Es evidente que la proveniencia escandinava de los godos que llegaron a España ha dejado huellas en la historia del pensamiento y en una afirmación goticista de la monarquía hispana (5). Como es sabido, la rama de los godos que llegó a España fue la occidental: los visigodos o “godos occidentales” (6).

Por parte sueca hay toda una serie de obras que ensalzan Suecia, la gente de los godos y su misión histórico – universal así como esta monarquía escandinava: Olaus Magnus, Historia de gentibus septentrionalibus (Roma, 1555), Nicolaus Petraeus, Cimbrorum et Gothorum origines (Leipzig, 1695), las diversas obras de E.J. Björner, Prodromus tractatuum de geographia Scandinaviae veteri (Stockholm, 1726), Nordiska Kämpadater (Stockholm, 1737), Introductio in Antiquitates Hyperboreo Goticas (Stockholm, 1738), Specimen histórico geographicum (Stockholm, 1741), Schediasma histórico geographicum de Varegis (Stockholm, 1743), y A. Nordencrantz, que se ocupó de la caída de la monarquía gótica en Hispania en la obra En kort historisk beskrifning, om the rätta orsakerna til göthiska rikets undergâng i Spanien, och det närwarandes tillstånd (Stockholm, 1734).

De esta manera los godos han desempeñado un papel muy importante en la historia del pensamiento político tanto de Suecia, su país de origen, como de España, su última etapa, que nunca hay que olvidar que debe su primera unidad política a un pueblo germánico que provenía ciertamente de una zona muy alejada desde un punto de vista geográfico, pero que hay que tener muy presente para considerar los orígenes políticos de la nación española.


(1) Sobre este autor véase nuestros artículos J.M. ALONSO NUÑEZ, “L´historien Jordanes comme source de l´histoire de la Péninsula Ibérique”, in Revue Belge de Philologie et d´Histoire LIX (1981) pp. 147-149; J.M. ALONSO NUÑEZ, “Jordanes on Britain”, in Oxford Journal of Archeology vol.6 n°1 (March 1987), pp. 127-129. J.M. ALONSO NUÑEZ, “Jordanes and Procopius on Northern EUrope”, in Nottingham Medieval Studies XXXI (1987), pp. 1-16. P: COURCELLE, Histoire littéraire des grandes invasions germaniques, 3ème éd. París, 1964, pp. 208-210 ha puesto bien de relieve el valor de la Getica de Jordanes en la que se quiere vincular a los godos con los escitas. S. TEILLET, Des Goths à la nation gotique. Les origines de l´idée de nation en Occident du Ve au VIIe siècle. París, 1984 se ha ocupado de Casiodoro (pp. 281–303) y de Jordanes (pp.305-334); TEILLET ha notado bien como Casiodoro ha insertado a Teodorico en la sucesión de emperadores romanos (p.281) y como ha introducido hábilmente la idea de nación romano-gótica (p.282), de la cual la Historia Gothorum de Casiodoro sería la expresión historiográfica (p.305) y subraya el carácter de historia nacional de la Getica de Jordanes, derivado de la historiografía romana antigua por intermedio de la crónica tan habitual en el Bajo Imperio (p.306). W. GOFFART, The Narrators of Barbarian History (A.D. 550-800) Princeton, 1988 al ocuparse de Jordanes (pp. 20-111) ha llegado a la conclusión (pp.105-111) de que la Historia Gothorum de Casiodoro era una expresión política del espíritu de la Italia de Teodorico y de que Jordanes transformó su carácter en la Getica para ponerla al servicio del Imperio Bizantino.

(2) Svenska Landskapslagar. Tolkade och förklarade för nutidens svenskar av AKE HOLMBACK och Elias WESSÉN.

(3) Sobre la Gutsaga ver L. WEIBULL, “En forntida utvandring från Gotland”, in Scandia XV (1943), pp. 267-276 ha intentado trazar el fondo arqueológico que se esconde tras la Gutasaga y N. TIBERG, “Utvandringsberättelsen i Gutasagan”, in Gotländskt Arkiv XVIII (1946), pp. 16-47, quien tras la tradición oral y la base documental de la Gutasaga ve en ella la narrcaión de una emigración hacia el Este.

(4) E.C.G. Graf OXENSTIERNA, Die Urheimat der Goten. Leipzig-Stockolm, 1948 sitúa cronológicamente la emigración de los godos de Escandinavia en torno al comienzo de nuestra era y coloca su patria originaria en Götaland (pp. 1-3) mostrando que habían vivido allí dos siglos antes de nuestra era (pp. 174-178) y que la emigración había sido casi total (pp. 179-180); prueba esta última aserción con testimonios arqueológicos (pp. 189-192). Tal emigración estaría motivada por cambios climáticos que habrían repercutido negativamente en las condiciones de vida. Por su parte C. WEIBULL, Die Auswanderung der Goten aus Schweden. Göteborg, 1958 llama la atención sobre el hecho de que Nicolaus Ragvaldi defendió en el Concilio de Constanza la proveniencia de los godos de Suecia (pp. 5-9). Luego R. HACHMANN, Die Goten und Skandinavien. Berlín, 1970 ha mencionado (pp. 276-277) que hay pruebas arqueológicas que se podrían datar hacia el año 100 a.C. que permiten la localización de los godos en la zona oriental del río Vístula, lo que lleva a pensar (p.126 y p.240) que estarían ya en esta zona lo más tarde en torno al comienzo de nuestra era mientras que la existencia de godos en la península escandinava sólo es atestiguada más tarde por Ptolomeo. Por otra parte HACHMANN alude (p.382) a la escasa densidad demográfica de Escandinavia, lo que nos lleva a considerar como figuras retóricas las expresiones de Jordanes vagina gentium y oficina nationum que aparecen en la Getica. E. NYLÉN, “Goterna, Gotland och Gutasagan”, in Arkeologi på Gotland (Visby, 1979) pp. 181-186 afirma que los godos se encontraban ya en el siglo II d.C. en el Vístula y que iniciarían su emigración hacia el sur en el siglo III; NYLÉN atribuye la emigración a un exceso de población. Posteriormente H. WOLFRAM, “Gothic history and historical ethnography”, in Journal of Medeival History 7 (1981) pp. 309-319 ha señalado acertadamente que la gens de la migración no correspondía a ninguna unidad territorial ni a ninguna entidad étnica (p.317).

(5) En este contexto de problemas C. CLAVERIA, “Godos y españoles”, in Estudios hispano-suecos (Granada, 1954), pp. 91-100 refiere que Johannes Magnus, el último arzobispo católico de Uppsala, dedicó libros de su Historia a los reyes visigodos españoles. Esto prueba la continuidad de la idea que se encuentra en otros autores como Saavedra Fajardo o el sueco Sparmenfeldt. Todo esto ha sido sistematizado por el sabio sueco J. SVENNUNG, Zur Geschichte des Goticismus. Uppsala, 1967 con atención al concepto de godos y su difusión (pp. 1-10), a las simpatías que despiertan los godos en los apologistas cristianos (pp. 11-20) y al brillante papel que desempeñaron los representantes de España y Suecia en el Concilio de Basilea (pp. 34-43); SVENNUNG se refiere finalmente en su libro al papel jugado por los sueños literarios de Olaus Rudbeck (p.104). No hay que olvidar las circunstancias políticas de grnadeza e Suecia en las que se originó en el siglo XVII la Atlantica de Rudbeck.

(6) Sobre esta denominación y su oposición a ostrogodos o “godos orientales” ver C.A. MASTRELLI, “Sull´origine e sul nome dei visigoti”, in Archivo Glottologico Italiano XLIX (1946), PP. 127-142. Para la utilización política de las genealogías con objeto de justificar la realeza consultar D.N. DUMVILLE, “Kingship, Genealogies and Regnal Lists”, in Early Medieval Kingship, ed. By P.H. SAWYER and I.N. WOOD (Leeds, 1977), pp. 72-104, especialmente p. 72, y con referencia a Teodorico, el rey de los ostrogodos (pp.93-94).


Autor: J.M. Alonso Nuñez, Universidad de Oviedo, Memorias de Historia Antigua Vol. 15-16.

Jordanes en Bretaña Oxford Journal of Archaeology, Volumen 6 , Número 1 páginas 127-129 , marzo 1987

viernes, 1 de mayo de 2015

JORDANES: Historia de los Godos - Capítulo III.



HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO III

Descripción de la isla de Scanzia.

Volvamos á la isla Scanzia, que hace poco abandonamos. El ilustre geógrafo Claudio Ptolomeo la menciona en el libro segundo de su obra cuando dice: «En el Océano Ártico existe una isla grande llamada Scanzia, que tiene forma de hoja de cedro; sus costas se prolongan á lo lejos, y después se estrechan para cerrarla; el Océano penetra en sus playas. Encuéntrase enfrente del río Vístula, que sale de las montañas de la Sarmacia y que, á la vista de la isla Scanzia, desemboca en el Océano Septentrional por tres brazos, separando la Germania de la Scitia. Al Oriente y en el interior existe en esta isla un lago muy grande, y de este lago, como de un vientre, sale el río Vagi, que corre caudaloso al Océano. Inmenso mar la rodea al Occidente. Por el Septentrión la rodea también ese Océano sin límites, en el que jamás se ha na vegado, y del que se destaca, á manera de brazo, el mar Germánico (1). Allí habitan pueblos que se alimentan solamente de carne; y allí encuéntrase también, según dicen, un grupo de islitas, en las que, aseguran, pierden la vista los lobos si acier-tan á pasar cuando el mar está helado por los intensos fríos del invierno. Así es que esta tierra no es inhospitalaria solamente para los hombres, sino que también cruel para las fieras. En cuanto á la isla Scanzia, que es el asunto de nuestro trabajo, está habitada por considerable número de pueblos diferentes, aunque Ptolomeo solamente menciona siete. Nunca sé encuentran allí enjambres de abejas, á causa del rigor del frío. En su parte septentrional habita el pueblo adogita, que pasa por gozar, sin interrupción, de la claridad del sol durante cuarenta días y cuarenta noches en medio del estío, y que, en cambio, en invierno se encuentra privado de la luz durante igual número de días y de noches.

Así, pues, alternativamente en la tristeza y en la alegría goza de un favor y sufre una privación que los demás países ignoran. ¿Se quiere saber por qué? Es que en los días más largos los habitantes ven al sol repasar al Oriente rozando la extremidad del eje de la Tierra, mientras que, por el contrario, en los días más cortos no pueden verlo, porque entonces recorre los signos australes. Así, pues, ese mismo sol que nos parece salir de abajo, dicen ellos que gira á lo largo del borde de la Tierra. Existen también en esta isla otras naciones, la de los crefennos, tres en número, que desdeñan alimentarse de trigo y que no viven más que de carne de animales silvestres y de aves cuyos nidos son tan numerosos en los pantanos, que bastan para la multiplicación de las especies y proveen superabundantemente á la alimentación-de los habitantes. Allí viven también los suétanos, que se sirven, como los turingios, de excelentes caballos. Estos son los que, por medio del comercio, hacen llegar á los romanos, á través de innumerables naciones, las pieles de marta que éstos usan. El hermoso color negro de sus pieles los ha hecho famosos; pero viven obremente, encóntrándose vestidos con extraordinaria riqueza. Después de éstos vienen multitud de pueblos diversos: los teustos, bacotos, bergios, halinos, liotidas, habitando todos en terreno llano y fértil, lo cual les expone á incursiones y estragos de otras naciones. Encuéntranse, después de estos pueblos, los atelnilos, los finaitos, los ferviros, los gautigodos, razas de hombres intrépidos, dispuestos siempre á pelear. Después los evageros mezclados con los otingos. Todos estos pueblos viven á la manera de las fieras, en las cavernas y en los bosques.

Más allá de estas naciones habitan los ostrogodos, los raumaricos, los firmos, sumamente amables; los más amables de los habitantes de la isla Scanzia, los vinovilotos, los suetidos, los cógenos, que se les parecen, siendo cosa cierta que éstos son el tronco de los daneses, que arrojaron á los hérulos del territorio que poseían. Los cógenos exceden á todos estos pueblos en estatura, y gustan de darse este nombre que les distingue de todos los de la Scanzia. También de aquel país son los granianos, aganzios, unixos, etelrugos y aroquiranos, de quienes fué rey, si no en los tiempos más lejanos, hace muchos años al menos, Rodulfo, el cual, disgustándose de su reino, marchó al lado del rey de los godos Teodorico, en quien encontró lo que deseaba. Todos estos pueblos exceden á los romanos en estatura y valor, y son terribles por su ardimiento en los combates.

(1) Créese que el autor se refiere al Báltico.


HISTORIA DEL IMPERIO ROMANO Desde el año 350 al 378 de la era Cristiana
Escrita en latín por Ammiano Marcelino. Vertida al castellano por F. Norberto Castilla
TOMO I y II - MADRID, Librería de la viuda de Hernando y C.A - Calle del arenal, num 11. - 1895

lunes, 27 de abril de 2015

JORDANES: Historia de los Godos - Capítulo II.



HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO II

Descripción de la isla de Bretaña.

Voy á describir ahora brevemente, y como pueda hacerlo, la isla de Bretaña, situada en el seno del Océano, entre las Españas, las Galias y la Germania. Aunque, según Tito Livio, nadie en su tiempo había dado vuelta á esta isla (2) ni conoció su extensión, no han dejado de emitir opiniones acerca de ella considerable número de autores, con relación á los cuales podemos hablar. Mucho tiempo estuvo cerrada á las armas romanas, hasta que Julio César abrió la entrada por medio de combates en los que solamente buscaba la gloria. Más adelante el comercio y otras causas llevaron allá crecido número de hombres; y la edad siguiente adquirió nociones más exactas de aquel país por el cuidado que desplegó en explorarlo. He aquí su descripción tal como la encontramos en los escritores griegos y latinos: su forma es triangular, según dicen muchos, parecida á un cono: extiéndese longitudinalmente del Septentrión al Occidente, y forma un gran ángulo mirando á la desembocadura del Rhin; desde allí se estrecha por línea oblicua reentrante y vuelve sobre sí misma para formar otros dos ángulos. Dos de estos lados dan frente á la Galia, y el otro á la Germania. Dícese que su mayor anchura es de trescientos tres estadios, y su longitud no pasa de siete mil ciento treinta y dos. Fórmala una llanura cubierta en parte de bosques, en parte de matorrales, de la que surgen también algunas montañas. Rodéala un mar perezoso, que difícilmente cede al impulso de los remos y que rara vez alborota el soplo de los vientos. Las tierras están tan lejanas, que su resistencia no produce agitación alguna en las olas, porque, en efecto, el mar se extiende mucho más lejos en este paraje que en ningún otro. Strabón, célebre escritor griego, refiere que esta isla exhala nieblas tan densas, á causa de estar empapada por frecuentes irrupciones del Océano, que obscurecen la claridad ordinaria del sol durante casi todo el día, ocultando el astro á las miradas; pero que las noches son allí más claras. Encuéntrase en su extremo la isla Memma, de la que habla el historiador Tácito, rica en metales, abundante en pastos, y cuya fertilidad es más á propósito para alimentar ganados que hombres. Súrcanla en todos sentidos numerosos y grandes ríos que arrastran perlas y piedras preciosas. Entre los habitantes de la Gran Bretaña, los siluros tienen la tez morena, naciendo la mayor parte con el cabello negro y rizado; los caledonios, por el contrario, tienen el cabello rubio y son corpulentos, pero blandos. Encuéntraseles semejanza con los galos y los españoles, por lo que han supuesto algunos que en todo tiempo recurrió la isla á estas naciones para poblarse. Estos pueblos y sus reyes son igualmente bárbaros. El famoso historiador Dion nos dice que el nombre que se dan en común es el de un metal de la Oaledonia. Habitan en cabañas de mimbres, mezclados con sus ganados, y muchas veces no tienen otro abrigo que los bosques. Ignoro si para adornarse ó por algún otro motivo se pintan el cuerpo con auxilio del hierro. Frecuente- mente se hacen guerra entre sí, sea por ambición de mando ó para aumentar lo que poseen, combaten á caballo y á pie, y también en carros con dos caballos y en carretas armadas con guadañas, á las que en su lengua llaman essedas. Pero basta lo dicho de la isla de Bretaña.

(2) En tiempo de Tácito dió por primera vez la vuelta á la gran Bretaña una flota romana, (Agricol. X.)


HISTORIA DEL IMPERIO ROMANO Desde el año 350 al 378 de la era Cristiana
Escrita en latín por Ammiano Marcelino. Vertida al castellano por F. Norberto Castilla
TOMO I y II - MADRID, Librería de la viuda de Hernando y C.A - Calle del arenal, num 11. - 1895

martes, 21 de abril de 2015

JORDANES: Historia de los Godos - Capítulo I.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO I

División general de la Tierra.

Nuestros antepasados, según Orosio, dividieron toda la circunferencia de la tierra que rodea el Océano en tres partes, que llamaron Asia, Europa y África. Muchos autores, casi innumerables, han descripto la redondez de la Tierra en estas tres divisiones, dando á conocer, no solamente las ciudades y comarcas, sino lo que es mucho más exacto, el número de pasos y millas que tienen de extensión; llevando sus investigaciones hasta determinar, á través de la inmensidad del mar, la posición de las islas rodeadas por las aguas, tanto grandes como pequeñas, dándolas los nombres de Cycladas ó Sporadas. En cuanto á los últimos límites del infranqueable Océano, no solamente no ha intentado nadie describirlos, sino que á nadie se le ha concedido alcanzarlos; viéndose la imposibilidad de ello, porque las plantas marinas detienen las naves y falta el viento; así, pues, no los conoce más que aquel que los ha creado. En cambio, estando habitada la Tierra, las playas situadas á este lado del mar que, como ya hemos dicho, rodea el disco del mundo como una corona, han sido perfectamente conocidas por hombres á quienes su curiosidad ha llevado á escribir sobre tal asunto.

Hay, además, en el mismo mar muchas islas habitables; por ejemplo, del lado de Oriente y en el Océano índico, las Hippodas, la Jamnesia, abrasadas por el sol: éstas están desiertas, verdad es, pero no dejan de tener considerable extensión en longitud y latitud. Existe también Taprobana, en la que, sin mencionar los caseríos y casas de campo, se encuentran, según dicen, ciudades muy fortificadas, la hermosa Sedalia, Silestantina, deliciosa estancia, Eterón, ciudades que, si ningún escritor ha descripto, no por eso dejan de tener numerosa población nacida en su seno. En la parte occidental, este mismo Océano contiene igualmente algunas islas, conocidas casi todas á causa del movimiento de viajeros. A este número pertenecen, después del estrecho de Cádiz y cerca de este estrecho, las dos islas llamadas, una Feliz y otra Afortunada. Algunos cuentan también entre las islas del Océano los dos promontorios de Galicia y Lusitania, sobre uno de los cuales vese todavía un templo de Hércules, y sobre el otro el monumento de Scipión. Sin embargo, como tocan al extremo de la tierra de Galicia, más bien forman parte del gran continente de Europa que islas del Océano. Sea como quiera, este mar tiene en medio de sus olas otras islas que llevan el nombre de Baleares; la isla Mevania, así como las Oreadas, en número de treinta y cuatro, pero no todas habitadas. También tiene en el extremo occidental otra isla, llamada Tilena, de la que dijo el poeta mantuano: «Que te obedezca Tilena en los límites del mundo.» Contiene también este mar inmenso por el lado de la Osa, es decir, al Septentrión, una gran isla, llamada hoy Ceylán, que los antiguos creían mucho más grande que en realidad es Scanzia, de la que tendremos que hablar, con el auxilio del Señor, porque del seno de esta isla salió como un enjambre de abejas para hacer irrupción en la tierra de Europa, la nación cuyo origen tanto deseas conocer. Cómo y por qué sucedió esto, lo explicaremos si el Señor nos asiste.

(1) La Scandinavia, considerada como isla mientras no se conoció su parte septentrional.

HISTORIA DEL IMPERIO ROMANO Desde el año 350 al 378 de la era Cristiana
Escrita en latín por Ammiano Marcelino. Vertida al castellano por F. Norberto Castilla
TOMO I y II - MADRID, Librería de la viuda de Hernando y C.A - Calle del arenal, num 11. - 1895



NOTAS: 
I. NAVARRO Y CALVO, Francisco, con el seudónimo de F. NORBERTO CASTILLA.-Madrid, 1895-96.

Tomo I, 406 págs.

Tomo II, 292. El volumen alcanza hasta la pág. 419, pero es porque incluye, además, la Historia de los Godos, de Jornandes.

F. Norberto Castilla es seudónimo de D. Francisco Navarro y Calvo, Canónigo de la Metropolitana de Granada, traductor de varias obras incluídas en la Biblioteca Clásica de su hermano D. Luis.

Los dos tomos de Ammiano Marcelino son el 193 y el 194 de dicha colección.

La noticia biográfica y las notas están tomadas de la colección de Nisard, aunque el traductor no lo expresa.


La Inquisición Española puso en sus índices expurgatorios la edición de Ammiano Marcelino publicada en Hamburgo, 1609, por Federico Lindembrogio, lo cual no puede atribuirse a otra causa que a los extremados elogios que Ammiano, historiador gentil según toda apariencia, hace del Emperador Juliano el Apóstata.

Como apenas contiene noticias relativas a España la parte conservada de las Historias, de Ammiano Marcelino, no es de admirar que sean tan poco frecuentes las citas de Ammiano en nuestros autores. El único que le aprovecha ampliamente, sin traducirle a la letra, pero dándole grande autoridad para los reinados de Constancio, Juliano, Joviano, Valentiniano y Valente, «porque fué testigo de vista», es el magnífico caballero Pero Mexía en su Historia Imperial y Cesárea, cuya primera edición es de Sevilla, 1545, siendo innumerables las posteriores. El texto de que probablemente se valió Mexía fué el de la segunda edición de Froben (Basilea, 1533), enmendado por Segismundo Gelenio.

«Autores de lo que tengo dicho, advierte Mexía al fin del capítulo de Constancio, son todos los nombrados en el fin de la árida de Constantino Magno...y también Ammiano Marcelino... de los quales tomando de cada uno lo que me pareció más a propósito, hize la tela de mi historia; lo qual he hecho en lo [p. 66] passado, y haré adelante, sin seguir a uno solo, porque siempre sigo y leo antiguos y ciertos Autores.»

Abrevia, pero no suprime ni atenúa el panegírico de Juliano, doliéndose de que varón de tales prendas las afease con su apostasía.

«Pues en virtudes y habilidades de su persona, fué uno de los mejores Emperadores que ha habido en el mundo... Tan acabado y singular que en la bondad y mansedumbre fué comparado a Tito, en la clemencia a Antonino, en los sucesos y venturas que hubo en la guerra contra los alemanes, lo comparaban a Trajano, y en su comedimiento y moderación a Marco Aurelio, y en las artes y estudios lo igualaban con los philósophos antiguos. Fué de grande y muy notable memoria, y muy estudioso, y por esto muy erudito, y docto en muchas artes; fué muy eloquente, y bien hablado por natural y por arte. Temperantíssimo en comer y beber y dormir, fué castíssimo y limpíssimo de toda passion carnal y deshonestidad, tan valiente y esforzado, aunque pequeño de cuerpo, y de delicados y delgados miembros, que fué notado y reprehendido dello, porque osaba más de lo que el Capitán o Rey debe osar ni acometer. Fué codiciosíssimo de fama, que es un vicio en que pecan muchas veces los grandes ingenios y ánimos: fué liberal y fácil con sus amigos, muy amigo de hazer y guardar justicia igualmente; y assí lo procuró el tiempo que fué César, y lo poco que imperó. Y assí tuvo otras muchas virtudes, que Eutropio, como testigo de vista, y Aurelio Víctor, y Amiano Marcelino escriben. Y con todo esto fué infiel, que es muy grande lástima; por haber su entendimiento captivádose de las persuasiones de su maestro Libanio gentil, idólatra. Las cosas que en el tiempo que fué César y Emperador passaron, muy larga y particularmente las escribe Amiano Marcelino, como aquél que lo vió o entendió, por passar en su tiempo, y que en la guerra de Persia le acompañó y sirvió; pero yo no contaré sino la suma de quando fué Emperador, y esto brevemente, porque él no imperó solo sino dos años, y no es razon que en imperio de tan poco tiempo se gaste mucho papel.»

En la vida de Joviano termina diciendo:

«Quien más quisiere saber deste Emperador, assí de la guerra, como de la paz, vea... señaladamente a Amiano Marcelino, que con él se halló en todo.»

[p. 67] A propósito del gran temblor de tierra acaecido bajo el imperio de Valentiniano, cita señaladamente a Marcelino «que lo vió por sus ojos».

No se ocultaron a la diligencia de Ambrosio de Morales las pocas, pero interesantes referencias a España que hay en el texto de Ammiano, sino que las recogió en su Crónica (lib. X, capítulos 38, 39 y 43).

«Amiano Marcelino, historiador que agora vivía (es decir, en tiempo de Constancio), hace mención de uno de los agentes en los negocios, que residía en España en este tiempo, y no le nombra, mas cuenta dél que destruyó con crueldad una casa de un hombre principal, por sólo que unos pages, metiendo velas para un convite, entraron diciendo por cortesia que entonces se usaba: «venzamos, venzamos», y el otro tomólo por señal de alguna conjuración contra Constancio, que aun tan livianas cosas como estas temía.

Traia Constancio siempre consigo un español llamado Paulo, que en Amiano Marcelino parece era su secretario. A este le habian puesto por sobrenombre Cadena, porque siendo hombre malvado, tenia grande astucia en enredar unos negocios de otros. Algunas crueldades cuenta Ammiano deste, porque Constancio lo tenia por ordinario ministro para ellos. Mas no le faltó a Paulo, como luego veremos, el castigo debido a su maldad.

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En siendo Emperador Juliano, como Ammiano cuenta (en el lib. XXII), mandó quemar vivo a aquel español Paulo Cadena, con otro tal como él, trayéndolos al mal fin que de sus maldades se pudo esperar. Del mismo Ammiano se entiende (en el libro XXIII) cómo hizo Juliano, vicario de España, a uno llamado Venusto.

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En Ammiano Marcelino (lib. XXVIII) se entiende cómo en tiempo de Valentiniano fué Legado Consular en la Bética uno llamado Phalangio, refiriendo cómo por mandado del Emperador hizo justiciar a uno llamado Loliano.»

En su correspondencia erudita con el Marqués de Mondéjar, recientemente dada a conocer por Morel-Fatio en la miscelánea titulada Homenaje a Menéndez Pelayo, I, 22, Esteban Baluze [p. 68] anuncia a su corresponsal español la próxima aparición de un Ammiano Marcelino doctamente ilustrado por Adrián de Valois.

«Quia vero postulas edoceri an heic Lutetiae aliquid novi cudatur quod sit de rebus antiquis, moneo novam Ammiani Marcellini editionem sub praelo esse eique adjunctas esse uberiores notas nondum editas Lindembrogii, Valesii et Marcelli Donati.»

Y Mondéjar contesta en 13 de noviembre de 1680:

«No puede dexar de ser apreciable la nueva edicion de Ammiano Marcelino... Acá no se imprime cosa de provecho.»

La edición prometida apareció en 1681, y fácilmente obscureció a todas las anteriores, sirviendo a su vez de base para la de Gronovio (Leyden, 1693), todavía más estimada. Sobre ésta trabajaron ya nuestros eruditos del siglo pasado, especialmente Masdeu en el tomo VII de su Historia Crítica de España, donde puso en duda con buenas razones (pág. 240) que Pablo Cadena fuera español, pues aunque Ammiano Marcelino le señala esta patria en el libro XIV de su obra, él mismo se contradice en el libro XV, suponiéndole natural de la Dacia, por lo cual uno u otro de estos lugares del historiador tiene que estar errado.

La decandencia de nuestros estudios clásicos en el siglo XIX ha hecho que todavía no hayan sido utilizados para la historia patria ni el comentario de Wagner a su edición de Ammiano (1808), ni el novísimo y más correcto texto de V. Gardthausen (Leipzig, 1874 y 75).

Cita ocasional en los Dias geniales o Lúdricos, de Rodrigo Caro (1626). 1.a edic. Sevilla, 1884. (Sociedad de Bibliófilos Andaluces.)

«Mas por cosa notable referiré a V. md. lo que cuenta Amiano Marcelino de unos muchachos españoles. Tenían costumbre en España, cuando entraban luz en algun aposento, como ahora solemos decir: «Loado sea Jesucristo» o «Buenas noches dé Dios a V. md.» en decir «Venzamos» como gente tan guerrera. Esta era su mayor gloria, y a esto se enseñaban. Los muchachos españoles, entrando con luz donde estaban unos soldados romanos, dijeron aquellas palabras; uno de ellos, no sabiendo la costumbre, interpretando siniestramente como que les diesen gritos, o por ventura que era señal de alguna traición, desnudando la espada, mató a su huésped con toda la desdichada familia.»