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sábado, 22 de agosto de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPITULO XIV.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO XIV

Genealogía de los amalas. - División de los godos en, visigodos y ostrogodos.


El primero de todos, según los mismos godos mencionan en sus poesías, fué Gapt, que engendró á Halmal; Halmal engendró á Augis; Augis engendró al que lleva el nombre de Amala, que es el tronco de los amalas; Amala engendró á Isarna; Isarna engendró á Ostrogota; Ostrogota engendró á Unilt; Unilt engendró á Athal; Athal engendró á Achiulfo; Achiulfo engendró á Asila y Ediulfo, Vuldulfo y Hérmerico; Vuldulfo engendró á Valeravano; Vaieravano engendró á Winitharo; Winitharo engendró á Teodomiro, Walemiro y Widemiro; Teodomiro engendró á Teodorico; Teodorico engendró á Amalasuenta; Amalasuenta engendró á Atalarico y Mathasuenta, que tuvo de su esposo Uterico y de la misma sangre que ella; porque Hérmerico, hijo de Achiulfo, de quien antes he hablado, engendró á Humiundo; Humiundo engendró á Torisrnundo; Torismundo engendró á Berimundo; Berimundo engendró á Widerico; Widerico engendró á Ertarico, y éste, siendo esposo de Amalasuenta, engendró á Átalarico y á Matasuenta. Habiendo muerto joven, Matasuenta casó con Witichis y no tuvo hijos. Belisario les llevó á los dos á Constantinopla; y habiendo muerto allí Witichis, el patricio Germano, hijo de un hermano de nuestro señor el emperador Justiniano, tomó por esposa á esta misma Matasuenta, elevándola al rango de patricia ordinaria; de ella tuvo un hijo que se llamó Germano, como su padre. Muerto Germano, su viuda resolvió no volver á casarse. En el lugar propio daremos á conocer (si tal es la voluntad del Señor) cómo tuvo fin el reinado de los amalas: ahora, volvamos á nuestro asunto, del que nos hemos separado, y hablemos del tiempo en que la nación de que se trata puso al fin término á sus correrías. El historiador Ablavio refiere que, mientras los godos, como ya hemos dicho, habitaban en la Scitia y en la ribera del Ponto Euxino, aquellos de los suyos que moraban en la parte Oriental y que tenían por jefe á Ostrogota, fueron llamados ostrogodos (ignórase si por el nombre del jefe ó por su posición oriental); y que los otros, los establecidos al Occidente, recibieron el nombre de visigodos. Ya hemos dicho que después de atravesar el Danubio habitaron por algún tiempo en la Mesia y en la Thracia.

domingo, 19 de julio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPÍTULO XIII.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPÍTULO XIII

Dorpaneo, rey de los godos.—Sus victorias contra los romanos durante el reinado de Domiciano.— Anses.

Mucho tiempo después, bajo el reinado del emperador Domiciano, desconfiando los godos de su avaricia, rompieron la alianza que habían ajustado antiguamente con otros emperadores, pusieron en fuga á los soldados y generales romanos y devastaron la ribera del Danubio, de la que estaba el Imperio en posesión desde mucho tiempo. Había sucedido á Agripa Pompeyo Sabino en el gobierno de aquella provincia; los godos, por su parte, tenían por rey á Dorpaneo: llegóse á las manos; los godos derrotaron á los romanos, cortáronla cabeza á Pompeyo Sabino, y apoderándose de considerable número de fortalezas y ciudades pertenecientes ál Emperador, las saquearon. En la extremidad á que se hallaban reducidos sus subditos, Domiciano se apresuró á pasar á la Iliria (1) con todas sus fuerzas, y dio orden a Fusco, á quien confió el mando de casi todas las fuerzas militares del Imperio, para que cruzase el Danubio por un puente de barcas con soldados escogidos y que marchase contra el ejército de Dorpaneo; pero los godos no se dejaron sorprender. Empuñaron las armas, y desde el primer encuentro deshicieron á los romanos, mataron á su general Fusco y saquearon su campamento después de asaltarlo. Con ocasión de esta gran victoria dieron los godos el nombre de anses, es decir, semidioses, á sus jefes, porque les parecían excesivamente favorecidos por la fortuna para no ser más que mortales. Ahora voy á exponer brevemente su genealogía: escuchadme, pues, vosotros que imparcialmente me leéis, y os diré con exactitud de qué padre desciende cada uno de ellos, quién fué el tronco de su raza y quién el último vástago.

(1) Domiciano no fué personalmente contra los dacios, sino que envió á sus generales, lo que no le impidió decretarse doble triunfo, que fué una irrisión según Tácito. (Agrícola XXXIX.)

sábado, 18 de julio de 2015

El legado de Alarico.


Alarico I (gót. Allareiks, ‘rey de todos’; Peuce, 370-Cosenza, 410), fue rey de los visigodos entre 395 y 410, perteneciente a la dinastía baltinga, hijo (o nieto paterno) del caudillo visigodo Rocesthes.


"Desde que tomé Roma en mis manos, nadie ha vuelto a menospreciar el poder de los godos. Lo que impulsó el afán de conquistas y el deseo de aventuras dio grandeza a un pueblo necesitado de patria".
                                                                                                  Alarico I, Rey de los Visigodos

La fecha de su nacimiento se discute, dando los estudiosos como fechas probables el 370 y el 375.

Su infancia transcurrió en el interior del Imperio romano, pues su pueblo había conseguido un pacto con el emperador Teodosio I y estaban asentados como foederati en Mesia desde el año 382 (tras los acontecimientos que llevaron a la insurrección de los godos y la derrota y muerte del emperador de Oriente, Valente, en la Batalla de Adrianópolis en 378).2

Acaudilló un ejército visigodo aliado de los romanos (387–395), y se proclamó rey (395–410) coincidiendo con la muerte de Teodosio I y sin que sus herederos (Arcadio y Honorio) ciertamente se enteraran. Según las crónicas de San Isidoro, «Los godos, rehusando el patrocinio de foedus romano, constituyen en asamblea a Alarico en rey suyo, juzgando que era indigno ser súbdito del poder de Roma, de cuyas leyes y compañía se habrían separado vencedores en la batalla». El rey Alarico fue crucial en el proceso de descomposición del Imperio romano de Occidente.

En el año 396 condujo las hordas visigodas a través de Macedonia, Tracia, Fócida y Beocia, atacando y arrasando las ciudades griegas de Corinto, Esparta, Argos y Megara, amenazando al gobierno de Constantinopla, pero, atacado por Estilicón, se vio forzado a replegarse. Estilicón tenía problemas con Arcadio y con la creciente influencia de su favorito Rufino, que acabaría asesinado. El joven emperador Arcadio encontraría una solución pactando con los visigodos, y consigue asentar a Alarico y sus gentes en Iliria, zona que pertenecía por entonces al imperio oriental, pero que se disputaba con la parte occidental por su proximidad a Italia. Esto pasó el problema visigodo de la zona oriental del imperio a la occidental, al alejar al peligroso Alarico de Constantinopla, y enervó a Estilicón que acabó por desentenderse de cualquier problema oriental o de Arcadio. En el año 400, envalentonado y descontento con sus nuevas tierras, quizás ansioso de poder, Alarico marchó sobre Italia para ser detenido por Estilicón, quien lo derrotó en Verona y el 6 de abril de 402 en la definitiva batalla de Pollentia forzándolo a retirarse de Italia.

Es probable que Alarico y Estilicón tratasen una tregua o alianza para hacer frente a los problemas que estaban destruyendo la parte occidental del Imperio (vándalos y godos en el norte de Italia, insurrección de las tropas de Britania y pronunciamientos de militares que se proclamaban césares, y, además, suevos, vándalos y alanos cruzando el Rin en 406). Lo cierto es que Estilicón cayó finalmente en desgracia, y el emperador Honorio acabará por mandar su ejecución en 408. Los visigodos de Alarico, aprovechando la débil situación del Imperio de Occidente, fuerzan al emperador Honorio a refugiarse en la inexpugnable ciudad de Rávena y marchan de nuevo sobre Italia, llegando incluso a saquear la ciudad de Roma en agosto del año 410 (tras tres asedios e intentos frustrados de llegar a un acuerdo con Honorio). Alarico reclamó al emperador Honorio ser nombrado general de los ejércitos del Imperio (magister militum), pretensión que no vería jamás cumplida. Sin embargo, de Roma se llevó como botín a la hermanastra del emperador, a la princesa Gala Placidia.

Aquel primer saqueo de la Roma clásica conmocionó al mundo civilizado de aquel tiempo, como se desprende, por ejemplo, de la obra de San Agustín, obispo de la ciudad de Hipona. Alarico empezó a soñar con el norte de África, por lo que partió hacia la Reggiana con la intención de embarcar hacía el «granero de Roma». Quizás una gran tormenta se lo impidió, lo cierto es que los visigodos eran un pueblo aguerrido y endurecido, pero no destacaban precisamente por sus conocimientos náuticos, así que el paso a África no dependía de ellos. Además, la Fortuna no le sonrió, y Alarico encontrará la muerte prematuramente en Cosenza a la edad de 35 años. Para su enterramiento desviaron el curso del río Busento a su paso por Cosenza y enterraron a Alarico y su tesoro en el lecho del río, devolviendo luego el río a su curso normal y matando a los esclavos que realizaron la obra.5

Alarico fue suegro del futuro rey visigodo Teodorico I y padre de una hija que casó con Brond, rey de los anglosajones. Estos últimos fueron padres de Friwin de Morinie, bisabuelo de Cerdic de Wessex, fundador de la Casa Real de Wessex en Inglaterra.

Aunque se habla de él como el primero de los reyes visigodos, fue más bien un caudillo militar y nunca llegó a pisar la península Ibérica. La línea de reyes godos empieza propiamente con su sucesor, primo y cuñado, Ataúlfo, que, casado con Gala Placidia en 414, encontró la muerte en la ciudad de Barcino en 415. Sin embargo, lo cierto es que aunque el Reino visigodo de Tolosa como estado federado de Roma (418–476) estaba asentado en la Aquitania secunda, por lo que su política e intervenciones militares quedaban lejos de Hispania, las intervenciones de Teodorico I (418–453) en Hispania van a ser numerosas, ya sea como pueblo federado de Roma o por iniciativa propia. A pesar de todo, sólo tras la derrota visigoda en la batalla de Vouillé y el periodo llamado interregnum visigodo (507–549), tendrá lugar el nacimiento del Reino visigodo de Toledo.

FUENTE: WIKIPEDIA.

martes, 14 de julio de 2015

Asturias: Último refugio de los Visigodos.

Cruz hispano - visigoda.

La Cordillera Cantábrica fue poco colonizada por los diversos pueblos que, en la antigüedad, la habían, teóricamente, conquistado. Romanos, visigodos y árabes pasaron por ella, en diversos momentos entre el siglo I a.C. y el siglo VIII d.C., pero, por diversos motivos, no se molestaron en ejercer una dominación efectiva del territorio.


Cantabria y Asturias, territorio indómito

Demasiado montañosas, demasiado lejanas, poco prometedoras, bárbaras, pudieron ser muchos de los epítetos con que calificaran a esas tierras húmedas, de riscos escarpados y valles angostos, que, además, estaban poco pobladas y no parecían representar un espacio de interés económico o político.

Los romanos se limitaron a extender unas pocas calzadas, de carácter bastante secundario, entre León, Galicia, Asturias y Cantabria, y sólo construyeron algunas ciudades en las dos primeras; así, la romanización propiamente dicha fue sumamente superficial. Y los visigodos, con su poder asentado principalmente en Toledo, y desunidos por luchas intestinas y problemas sucesorios, tampoco prestaron demasiada atención a aquel lugar poco civilizado.

Lo mismo puede decirse de los árabes, que, si bien al principio de la expansión islámica pretendieron ejercer un verdadero control sobre el Norte peninsular, pronto se sentirían incómodos en aquellas tierras lluviosas, frías y que en nada se parecían a los románticos desiertos de donde procedían, ni a los vergeles andaluces. Así, también ellos acabaron olvidándose de la Cordillera Cantábrica, limitándose, como mucho, a contentarse con cobrar ciertos tributos a las poblaciones autóctonas, y a mantener pequeñas guarniciones sin importancia, meramente símbolos de su hipotético dominio. Un reducido grupo de colonos bereberes se asentaron en torno al año 714 en Galicia, pero al parecer, abandonaron el lugar más pronto que tarde, pues más allá del 750 no hay constancia de su presencia.

Esa escasa aculturación del territorio montañoso cantábrico explica por qué, aun hoy en día, siguen perviviendo allí tantas tradiciones de época prerromana o célticas, y por qué, al mismo tiempo, desde el 711, año de la conquista islámica de la Península y del ocaso del reino visigodo, se convirtió en un destino privilegiado para la llegada masiva de visigodos desde el Sur y el Este, que, reacios a la islamización, buscaban refugio y seguridad.

Aquellas tierras no estaban vacías. Poco pobladas sí, ciertamente, pero vacías no. Allá sobrevivían, en pequeñas comunidades aldeanas independientes, pequeños grupos humanos (astures, cántabros) muy apegados a su antiquísima cultura, organizados en familias o clanes tribales, en donde todavía jugaba un rol social muy importante la mujer -lo que extrañaría profundamente a los patriarcales romanos, visigodos y árabes-, a través de sistemas de sucesión matrilineales (aunque indirectos, de suegro a yerno).

Esta sociedad tan peculiar para la época, con hondas raíces celtas y considerada primitiva, demuestra cuán poco profunda fue la romanización, cristianización y arabización del solar cantábrico en general. También, su aislamiento geográfico y sus condiciones ambientales explican por qué era la única posible vía de escape -junto con los Pirineos- para la mayoría de los visigodos contrarios a un dominio religioso no cristiano (Islam).


La victoria de Pelayo

Los visigodos llegados a Asturias -de donde, según la tradición cristiana (escrita tardíamente, en el 911), empezó la Reconquista en el 718, a partir de Covadonga, en Cangas de Onís, con la hazaña del famoso héroe Don Pelayo- se encontraron con una sociedad relativamente "bárbara", para los cánones de civilización de entonces. Bárbara, arcaica, pero que al menos contaba con ciertos puntos en común, muy importantes: una misma religión -mezclada confusamente con las citadas tradiciones célticas supervivientes, pero al fin y al cabo, cristiana-; cierta adhesión a la cultura visigótica; rechazo al Islam, alto sentido de la autonomía,...

Todo eso unido convertiría a la Cordillera Cantábrica en un caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un nuevo estado independiente, que asegurara la continuación de algún modo del derrocado reino visigodo -aunque metamorfoseado, dadas las circunstancias, en otra cosa- y del Cristianismo en la Península Ibérica. Así, nació el Reino Astur.

La fecha teórica de fundación fue el citado año 718, cuando, según las fuentes cristianas del siglo X, el conde visigodo Pelayo, junto con sus huestes, logró en la agreste y montañosa Covadonga, con "la ayuda de Dios", la sonora hazaña de expulsar a un gigantesco ejército musulmán, evitando así la conquista total del territorio. Ensalzada con aires de leyenda, la tradición hizo coincidir aquel año con el arranque de la Reconquista.

La realidad era, al parecer, menos grandiosa de lo que quisieron pintar los autores cristianos, sin juzgar por ahora el grado de heroicidad que pudieron tener los contendientes: el supuesto "gran ejército" musulmán era en realidad un pequeño grupo de recaudadores de impuestos del emirato Omeya, seguramente acompañados de unos pocos soldados como guardia personal, pero en ningún modo una tropa bien organizada; y las fuerzas de Pelayo, aún más reducidas en número probablemente, eran apenas unos cuantos pastores astures y cántabros, aguerridos pero mal armados, y quizás algunos visigodos leales, refugiados como él.


Fundación del Reino Astur (718)

Siendo justos, hay que reconocer un verdadero triunfo cristiano en aquella escaramuza, pues los moros fueron rechazados efectivamente por aquellas fechas, y obligados a abandonar Cangas de Onís en manos de aquellos tozudos cristianos. Pero no podemos hablar de ninguna gran batalla, ni nada por el estilo. Como se ve, la propaganda política "interesada" ya existía en la Edad Media.

Sea como sea, nace así el Reino Astur, último baluarte de la resistencia cristiana frente a Al-Ándalus, y centro desde donde, a lo largo de varios siglos, los cristianos empezarán a expandirse, lentamente, hacia el Sur, conquistando o reconquistando, tímidamente, el Valle del Duero, buscando asegurar una frontera definida y real -no obstante, en constante vaivén hasta el siglo XI, por el acoso musulmán-.

Casi dos siglos después, durante el reinado de García I (910-914) y de Ordoño II (914-924), se produjo el traspaso de la capitalidad, desde Oviedo, segunda capital de Asturias después de Cangas de Onís, a León, lo que significó la fundación (914) de una nuevo estado, el llamado Reino Astur-Leonés.

Juan Antonio Cantos Bautista

Ampliando lectura:

domingo, 12 de julio de 2015

El Cartulario de Celanova.

Monasterio de San Salvador (Celanova, España).

Celanova es un pueblo que nunca tuvo más población de la que hoy tiene, unos 6000 habitantes. Primigenia propiedad del conde Gutierre Menéndez, hijo de Hermenegildo Gutiérrez (suegro de Ordoño II y Mayordomo de Alfonso III) y padre de Rudesindus Guterri (Rodericus, hijo de Guterre), canonizado por la Iglesia Católica como San Rosendo en 1195.

La Comarca de Tierra de Celanova (Comarca da Terra da Celanova), ubicada a 25 kilómetros de Orense hacia la frontera con Portugal, creció y se forjó en derredor del Monasterio de San Salvador, fundado por San Rosendo (936).

Los siglos acompañaron el desarrollo constructivo del Monasterio. Los primeros ladrillos se pusieron en 936 y las obras no cesaron hasta el siglo XVIII (1) y hoy es cabal muestra de un impuro barroco gallego de Melchor de Velasco donde cabe el Ayuntamiento y otras dependencias públicas.

De aquella época (s.X) se conserva, tras el ábside del templo monacal, la mínima capilla de San Miguel Arcángel, joya del arte mozárabe gallego (2). 


El Martirologio Romano recuerda en el día 1 de Marzo a San Rosendo, importante figura política y religiosa de la Galicia del siglo X, tiempos en que la nobleza gallega, conjugada con la asturleonesa, competía con los califas de al-Andalus por el control de una península acechada por vikingos.

Obispo de Dumio (una de las sedes episcopales creadas en la Hispania visigótica al norte del actual Portugal, después llamada Mondoñedo) y Santiago, Abad de Celanova, conde de Bande, marqués de Sande y capellán de la Casa Real, Rosendo (+977) fue el creador del monacato en Galicia y un alto propagador de la Regula Benedicti (regla benedictina) en tiempos de la Reconquista y repoblación peninsular. Famoso por su renuncia a la condición episcopal para tomar los hábitos del monje, la base de sus acciones, en alianza con la nobleza local, fue este Monasterio (San Salvador), en Celanova, que también por ello se conoce como el Monasterio de San Rosendo (3).


Cartulario de Celanova

Es el Cartulario de Celanova que descansó siglos en el Monasterio, el que nos permite establecer la datación de la Iglesia Santa Comba de Bande, en el municipio vecino, una de las conservadas perlas de la arquitectura visigoda del siglo VII.

En el Archivo Histórico Nacional (Madrid, España) se preserva y difunde una parte de los fondos documentales y codicológicos que en el siglo XIX fueron desamortizados en el Monasterio de Celanova. Parte de estos documentos y libros se difunden en el Portal de Archivos Españoles: PARES.

Podemos ver (foto) uno de los diplomas del Cartulario (4). Otro de los diplomas nos deja saber que, durante las campañas de repoblación emprendidas por el Rey Alfonso III, se hace referencia a la necesidad de restaurar (la iglesia) Santa Comba de Bande (delegada a un tal Oydomo), abandonada durante más de 200 años. El origen de esta mala situación, fue la destrucción casi total del monasterio por el Conde Don Gonzalo, que sólo dejó en pie la Iglesia. Esta actuación es fechada en el año 872, con lo que se deduce que el origen de la iglesia es anterior al último cuarto del S.VII. Si además se considera la tipología de la escultura decorativa interior, podemos afirmar que la iglesia se construyó después la incorporación del reino suevo a la monarquía toledana, a fines del siglo VI. Mucho tiempo después, ya en el s.X, pasó a depender del Monasterio de Celanova.

El escrito aludido del "Cartulario de Celanova" dice así:

"Sita en las orillas del Limia, con sus iglesias, que muchos años antes estaban fundadas, una dedicada a Sta. María, siempre virgen y otra a Sta. Colomba, virgen y mártir; estas iglesias hacía más de doscientos años que estaban fundadas y estaban deslucidas y sucias."

Valga la introducción para adentrarnos luego en Santa Comba de Bande...


NOTAS:

(1) El claustro nuevo es del siglo XVIII y la iglesia se construyó entre 1653 y 1687.

(2) Monumento Nacional español desde 1923.


(3) Sobre la figura histórica y cultural de San Rosendo de Celanova:
Fray Justo Pérez de Urbel: "San Rosendo de Celanova en el cartulario de Sobrado", SIGNO: Revista de Hª de la Cultura Escrita, nº 5 (1998), Universidad de Alcalá, pp. 99-108. Una edición póstuma.
E. Sáez: "Los ascendientes de San Rosendo: notas para el estudio de la monarquía astur-leonesa durante los siglos IX y X", Hispania: Revista española de Historia, nº 30 (1948), pp. 3-76 (en-Línea).
E. Sáez: "Los ascendientes de San Rosendo (conclusión)", Hispania: Revista española de Historia, nº 30 (1948), pp. 179-233.
M. Díaz y Díaz: "El testamento monástico de San Rosendo", Historia. Instituciones.Documentos, nº 16 (1989), Universidad de Sevilla, pp. 47-102 (en-Línea).
En 2007, José R. Hernández Figueiredo publicó una biografía histórica sobre San Rosendo: San Rosendo. Obispo de Mondoñedo, fundador de Celanova y pacificador de la Gallaecia. Madrid: BAC - Biblioteca de Autores Cristianos, 2007. XLII + 209 págs. A su contenido podemos acercarnos a partir de la excelente lectura elaborada por Remedios Morán Martín, publicada en UNED: Revista de Derecho, nº 2 (2007) (en-Línea).

La dimensión cultural y religiosa de San Rosendo ha sido puesta de manifiesto recientemente por el profesor Manuel Rey Olleros, un musicólogo gallego, en su libro "La música en el manuscrito 9 de Silos. Propio del Tiempo" (). El códice Silos 9 de la Biblioteca del Monasterio de Silos (Burgos) es un breviario con notación musical, que contiene las partes cantadas coralmente, junto los textos del Oficio Divino recitados por el lector. A partir del análisis musical y codicológico de la primera parte del códice, M. Rey afirma que el origen del códice litúrgico pudiera estar en el Monasterio de Celanova, dado que ha localizado un mismo texto de las "Lamentaciones de Semana Santa" que se encuentran tanto en el códice de Silos como en otro fragmento codicológico conservado en el Archivo Diocesano de Orense que sirvió de encuadernación a un registro notarial y que afirma se sacaron de códices que pertenecieron a la Librería del monasterio de Celanova. Entre las singularidades de estos textos se encuentra también melodías que no son gregorianas, sino que contienen elementos mozárabes, es decir, de la liturgia hispánica que fue despalazada progresivamente por la gregoriana a partir del siglo XI. Por tanto, la misma influencia de la liturgia hispánica está presente tanto en el códice 9 de Silos como en el fragmento celanovense del Archivo Diocesano de Orense. Con este libro, M. Rey Olleros ha sido galardonado con el Premio de Investigación Manuel Iglesias, que ofrece la Academia Auriense Mindoniense de San Rosendo. El importe fue donado para sufragar actos religiosos en honor a San Rosendo.
La fuente de estos documentos es extraída de Cartularios Medievales.

(4) Se trata de un pergamino que, redactado en escritura visigótica hispánica, contiene un instrumento notarial que escritura la donación de un matrimonio (Jimeno Díaz y Adosinda Gutiérrez), al monasterio de San Salvador de Celanova, representado por el obispo y abad Rudesindus, de una serie de heredades, villas y derechos situadas en las orillas del río Mondego (actual Portugal) y está datado en las VIII kalendas septembris de la era hispánica DCCCC.LXXX.VIII, es decir, el 25 de agosto del año 951, que, como indica el instrumento, se corresponde con el primer año en el que reinó el príncipe don Ordoño II.

Los documentos del antiguo archivo del Monasterio de Celanova fue publicado por el profesor Carlos Sáez (Universidad de Alcalá, Madrid): Colección diplomática del Monasterio de Celanova (842-1230), edición crítica por E. Sáez (1917-1988) y C. Sáez (1953-2006). Universidad de Alcalá de Henares, 2 vols. 1996-2006. Colección Galicia, 1-2.

domingo, 5 de julio de 2015

La batalla de Adrianópolis.


Tras la muerte de Juliano el Apóstata en el año 363, durante una campaña contra los persas, una nueva dinastía ascendió al trono imperial de Roma: los Valentinianos. El primero de ellos, Flavio Valentiniano, era un cristiano procedente de Panonia (en la actual Hungría), de origen humilde e inculto, pero que pertenecía a una prestigiosa casta militar.

Tras su elección como emperador, en 364 asoció a su hermano Flavio Julio Valente al gobierno de Oriente. Ambos dedicaron todos sus esfuerzos a reorganizar la defensa en las fronteras frente a la creciente presión de los pueblos «bárbaros» que vivían más allá del Danubio; una presión que, a ojos de muchos romanos, estaba poniendo en riesgo la supervivencia misma del Imperio.

En el año 375, Valentiniano se encontraba en el Danubio luchando contra los cuados, el mismo pueblo que décadas atrás había desafiado a Trajano. Poco antes uno de los jefes cuados, Gabinio, había sido asesinado en un banquete por los romanos, con lo que sus compañeros enviaron una embajada a la colonia militar romana de Brigetio (la actual Snözy, en Hungría), donde se encontraba el emperador. Allí plantearon una serie de exigencias que resultaron intolerables para los romanos. De naturaleza irascible, Valentiniano montó en cólera y, según el historiador Zósimo, «al subirle a la boca un flujo de sangre que le oprimió los conductos de la voz, falleció».

La muerte de Valentiniano dio un nuevo empuje a otros pueblos del Danubio. De ellos, el más importante era el de los godos, llamados gutones, géticos o getas por los romanos. Originarios del norte de Europa, según el historiador Jordanes habían emigrado hacia el mar Negro, donde colonizaron antiguos territorios escitas. A lo largo de los siglos III y IV, los godos protagonizaron constantes incursiones violentas en las provincias romanas, hasta que en el año 369 el hermano de Valentiniano, Valente, llegó a un pacto de no agresión con Atanarico, rey de una rama de los godos, los llamados tervingios. Muy poco después, sin embargo, la situación se volvió de nuevo inestable a causa de la presión ejercida por los hunos, un nuevo pueblo procedente de las estepas que los historiadores romanos definieron como salvaje y de gentes deformes. Los hunos sometieron amplios territorios y desencadenaron la huida de otros pueblos bárbaros –sármatas, alanos, godos greutungos…–, que fueron aproximándose al limes (frontera) romano.


Promesas incumplidas

En el año 376, grupos de godos tervingios al mando de los caudillos Alavivo y Fritigerno –distintos de los dirigidos por Atanarico– solicitaron al emperador instalarse dentro del Imperio como pueblos «federados», esto es, comprometidos a suministrar tropas para la defensa de la frontera a cambio de un stipendium o salario. El historiador Amiano Marcelino habla de «multitudes innumerables de gentes», aunque no puede determinarse la cifra exacta.

En todo caso, eran formaciones de guerreros que viajaban con sus familias, sus caballos, ganados, enseres y carretas de madera, y vivían de aquello que podían comprar o depredar entre las poblaciones por donde pasaban.

Sin embargo, el traslado de los godos a sus nuevas tierras estuvo rodeado de toda clase de penalidades. Durante varios días con sus noches, los godos trataron de pasar el río Danubio, apiñados en naves, barcas y troncos de árboles, pero muchos se ahogaron. Además, las autoridades romanas no cumplieron con el compromiso de garantizar su abastecimiento e incluso se aprovecharon de la situación desesperada en que cayeron los godos. Como cuenta Zósimo: «Cuando los bárbaros que habían sido conducidos a esas regiones lo estaban pasando mal por la falta de alimento, estos abominables generales planearon comerciar del siguiente modo: reunieron todos los perros que su ambición pudo hallar por cualquier parte y se los entregaron a cambio de obtener un esclavo por cada perro, dándose incluso el caso de que, entre éstos, figuraban hijos de los nobles bárbaros». En fin, los mismos oficiales romanos que debían escoltarlos por las fronteras hasta su destino final se dedicaron a elegir mujeres hermosas, capturar a muchachos y procurarse siervos. Al actuar así descuidaron comprobar que los godos entregaban todas sus armas, una de las condiciones que el emperador Valente les había puesto para admitirlos en el Imperio.

Los godos se asentaron cerca de Marcianópolis (la actual Devnja, en Bulgaria), centro militar del dux Máximo y el comes Lupicino. Allí el descontento prendió pronto entre los recién llegados, a lo que se sumó la entrada de otro contingente de godos greutungos que habían sido excluidos del pacto con Valente y que lograron traspasar el limes aprovechando que las tropas romanas estaban concentradas en el traslado de sus compañeros. Ante una situación cada vez más tensa, Lupicino invitó a un banquete a Alavivo y Fritigerno, con la intención de utilizarlos como rehenes. Fue entonces cuando los godos que estaban fuera de la ciudad se rebelaron, matando a un buen número de romanos. Fritigerno se ofreció a apaciguar a sus compatriotas, y así logró salvar la vida; Alavivo, en cambio, fue asesinado. A partir de este momento, las huestes godas se lanzaron a saquear Tracia y asesinar a los habitantes de sus aldeas.


La reacción del Imperio

Las autoridades romanas reaccionaron con celeridad para intentar apagar el incendio. Valente desplazó tropas del frente persa y de Panonia a Tracia, obtuvo refuerzos de su sobrino Graciano, el nuevo emperador de Occidente, y pudo así emprender la campaña para someter a los belicosos godos. Sin embargo, su ejército sufrió una humillante derrota en Ad Salices, cerca de Marcianópolis, frente a contingentes de diversos pueblos bárbaros que se lanzaron a la lucha, según Amiano, «expresándose cada uno en su propia lengua». Valente hubo de enviar nuevos refuerzos y él mismo partió de Constantinopla para asumir en persona el mando de las operaciones.

Llegado a Nicea, a Valente le informaron de que los godos que se encontraban en los alrededores de Adrianópolis y en las cercanas Beroea y Nicópolis habían huido ante el empuje del ejército imperial. El emperador se dirigió entonces hacia Adrianópolis, dispuesto a buscar una batalla decisiva contra las huestes godas. Impaciente por lograr una victoria que creía fácil, no quiso esperar la llegada de los refuerzos enviados por Graciano ni de las legiones de Marcianópolis y Durustorum (la actual Silistra, en Rumanía), y rechazó la oferta de paz que el caudillo godo Fritigerno le transmitió a través de un sacerdote cristiano. Se dispuso así a enfrentarse a la gran confederación de godos, hunos, sármatas, alanos y desertores romanos que se les unieron, todos bajo la dirección de Fritigerno, Alateo y Safrax. Los informadores de Valente le dijeron que todos ellos no sumaban más de 10.000 combatientes, un error de cálculo que acabaría resultando fatal para el emperador.

Los romanos contaban con su prestigiosa infantería, que luchaba con la espada larga, la cota de malla y la jabalina, mientras que los bárbaros confiaban en su caballería, experta en el manejo de la maza, el arco y las flechas con puntas de hierro o de hueso afilado y la honda. En la práctica, la distinción entre las tropas de uno y otro bando no era absoluta. Los romanos contaban también con tropas auxiliares de caballería de origen bárbaro, mientras que los godos y sus aliados disponían de las espadas y lanzas robadas a los romanos vencidos. Los godos deseaban que pasara el tiempo mientras no llegaban otros contingentes, pues confiaban en que los romanos se irían debilitando por el hambre, la sed y el calor, aumentado por los fuegos provocados por ellos. Pero el 9 de agosto de 378, Valente se dirigió con sus tropas al campamento godo.

La caballería romana se colocó en los flancos cubriendo a la infantería, que estaba más retrasada. Al parecer, comenzaron el combate los arqueros del ala derecha de la caballería, pero fueron vergonzosamente derrotados por los jinetes greutungos y alanos, que «asolaron y abatieron a todo el que se encontraron a su paso en su veloz ataque». Al mismo tiempo, la infantería bárbara atacó de frente a la romana con flechas y jabalinas, descomponiendo su formación, y la caballería goda, por su parte, atacó el flanco de caballería izquierdo de la formación romana, que fue aniquilada. «Finalmente, nuestras líneas cedieron ante el empuje de los bárbaros –escribe Amiano–. Algunos cayeron sin saber quién les golpeaba, otros se vieron sepultados por los perseguidores, y algunos perecieron por una herida causada por los suyos». El campo de batalla quedó sembrado de cadáveres mientras los supervivientes emprendían la huida.


La muerte del emperador

Una de las víctimas de la batalla fue el propio emperador Valente, cuyo cuerpo nunca fue encontrado. No se sabe exactamente cómo murió. Según una versión, fue alcanzado por una flecha enemiga en plena batalla y luego los godos habrían desvalijado su cadáver, que habría quedado sin identificar. Según otra versión, menos honorable, Valente murió durante la huida, junto a algunas unidades de veteranos, al refugiarse en una cabaña de madera; como los enemigos no pudieron asaltarla, la incendiaron y su cuerpo calcinado nunca se recuperó. Además del emperador murieron los generales Sebastiano y Trajano, muchos tribunos, la mayor parte de sus soldados y algunos cargos palatinos. Los escasos supervivientes pidieron asilo en Adrianópolis, donde estaba el tesoro imperial, pero sus habitantes se lo negaron por miedo a que entrara el enemigo. En efecto, los godos asediaron la ciudad durante varios días, pero luego se dispersaron por las provincias e intentaron tomar Constantinopla.

El historiador Zósimo cuenta cómo recibió Graciano, el emperador de Occidente, la noticia del desastre de Adrianópolis: «Víctor, el comandante de la caballería romana, consiguió escapar al peligro con un pequeño número de jinetes y se lanzó en dirección a Macedonia
y Tesalia, desde donde remontó hasta Mesia y Panonia para anunciar a Graciano, que permanecía en estos parajes, lo ocurrido, así como la destrucción del ejército y del emperador. Éste no sintió gran tristeza por la muerte de su tío, pues uno y otro se miraban con cierto recelo». En cambio, Graciano comprendió enseguida la gravedad de la situación: «Ocupada Tracia por los bárbaros en ella asentados, sacudidas Mesia y Panonia por los bárbaros de esa zona, atacando los pueblos transrenanos las ciudades sin obstáculo alguno, reconoció que por sí mismo no alcanzaría a manejar la situación, por lo que eligió corregente a Teodosio que, oriundo de Galicia, en Iberia, de la ciudad de Coca, no era ajeno a la guerra ni carecía de experiencia en el mando militar». Designado por Graciano en 379 emperador de Oriente, Teodosio conseguiría recuperar el control de la frontera danubiana, venciendo a los godos y asentándolos mediante pactos en el Imperio. Así borró para siempre de la historia el recuerdo de la humillación de Adrianópolis.

Rosa Sanz Serrano. Catedrática de Historia Antigua. Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 134.

Bibliografía
El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis. Alessandro Barbero. Ariel, Barcelona, 2007.
La caída del Imperio romano. A. Goldsworthy. La Esfera de los Libros, 2009.
Historia de los godos. R. Sanz Serrano. La Esfera de los Libros, 2009
El saqueo de Roma por los godos. Historia National Geographic 82.

martes, 30 de junio de 2015

JORDANES: HISTORIA DE LOS GODOS - CAPÍTULO XII.


HISTORIA DE LOS GODOS
CAPITULO XII

Corilo, rey de los godos.—Dacia antigua. Su situación.—Descripción del Danubio.

Habiendo muerto Comosico, subió al trono Corilo y reinó sobre los godos cuarenta años en la Dacia. Refiérome á la antigua Dacia, la que, como es sabido, ocupan actualmente los gépidas. Esta comarca, situada enfrente de la Mesia, al otro lado del Danubio, está rodeada por un cinturón de montañas y no tiene más que dos salidas, llamadas Bontas la una y Tabas la otra. Llamada Dacia antiguamente, después Gocia, bajo los godos, actualmente, como ya dijimos, lleva el nombre de Gepidia. Limítanla al Oriente los roxolanos; al Poniente los tamacitas; al Septentrión los sármatas, y á Mediodía la corriente del Danubio, separando el curso del río á los tamacitas y roxolanos. Pero ya que acabo de mencionar el Danubio, creo que no será superfluo indicar aquí algunas particularidades notables. Tiene este río su origen en el país de los alemanes, y recibe sesenta ríos desde su nacimiento hasta el Ponto Euxino, donde desemboca. Estos ríos, que surcan sus orillas á derecha é izquierda en espacio de mil doscientos pasos, le dan figura de aleta de pescado. Cuando toma el nombre de Hister, que los bessos le dan en su lengua, adquiere prodigiosa anchura, y sus aguas alcanzan hasta doscientos pies de profundidad. Así es que este inmenso río sobrepuja á todos los demás, no teniendo otro rival que el Nilo. Pero ya hemos hablado bastante del Danubio: con auxilio del Señor, volvamos á nuestro asunto, de que nos hemos separado.

domingo, 28 de junio de 2015

Las cuatro mentiras sobre los godos.



HORA DE CORREGIR

El siguiente trabajo versa sobre los errores de traducción de textos medievales, lo cual impidió el conocimiento y utilización de múltiples documentos que existen y son accesibles, reveladores de los orígenes, idioma y cultura de los godos que en el siglo V invadieron España. Los errores que señalo se refieren a:

1. La creencia que los godos son oriundos de Escandinavia (producto de un error de traducción).

2. Considerar que el idioma de la Biblia de Ulfilas es una muestra del idioma de los godos (error de interpretación histórica).

3. Considerar que los godos son germanos (errores de análisis lingüístico).

4. describir a los godos como un pueblo primitivo (falta de documentación sobre el particular).

A título de introducción, cabe recordar que en la segunda mitad del siglo IV, los godos partieron de la costa sureste del mar Báltico, descendieron hasta el mar Negro y al alcanzar el bajo Danubio, atravesaron la región balcánica para penetrar en la Península Itálica. En el año 410 tomaron Roma, pero la abandonaron y tras la muerte de su rey Alarico, se dirigieron hacia el sur de Francia y la Península Ibérica. Casi un siglo después, en el año 507, perdieron sus provincias francesas en la batalla de Vouillé contra los francos, y sus centros de poder se trasladaron a los dominios que poseían en España. Allí, principalmente en el norte, echaron raíces y se establecieron definitivamente. Lo más probable es que hoy, todo español lleve algo de sangre goda en sus venas.

Durante los 800 años que duró la Reconquista hasta la expulsión definitiva de los moros con la toma de Granada en 1492, llevar sangre goda era en España un honor y un incentivo de lucha. El escritor y periodista venezolano Rafael Poleo, lo puso en estas palabras:

“...para los españoles de entonces, la Reconquista fue una gesta de godos contra árabes, reivindicación legítima si se considera que aquella empresa la lideró una clase dirigente cuyo núcleo era la nobleza de origen predominantemente godo.”  (1)

Actualmente el “ser godo” ha sido olvidado en España, pero permanece vigente en América Latina, donde, según ese mismo autor: “los godos convirtieron su patrimonio en sinónimo de nobleza y esa manera de evaluar la palabra godo rige a este lado del Atlántico, casi siempre con dejo rencoroso, para designar al miembro de la clase dominante que lo es por razones ancestrales” (2). Sobre ese particular, la Enciclopedia Quillet argentina es aún más directa e informa: “hacerse de los godos: fig. Blasonar de noble. Ser godo: Ser de nobleza antigua.”

En realidad, lo de la “nobleza” no fue sino una evolución tardía. Desde los albores de la existencia de ese pueblo que cuenta no menos de 4.000 años de historia documentada, los godos se esmeraron en crear una sociedad organizada, no necesariamente bélica, sino principalmente agrícola, ganadera y sobre todo – productiva. El mayor logro de esa cultura ha sido su permanencia, porque sus planteamientos básicos nunca perdieron validez.

El que muchos españoles ignoren hoy lo que fueron sus ancestros godos, se debe a una grosera deformación de los hechos históricos. Algunos pretendidos estudios que se hicieron sobre el tema carecen del más elemental sentido común, rayando en lo absurdo. Sin embargo, nadie se atrevió a ponerlos en duda.

La meta de este breve recuento consiste por lo tanto, en señalar los más resaltantes errores que impidieron conocer con precisión quiénes fueron los godos.


1ª MENTIRA: UN ORIGEN ESCANDINAVO

La confusión que ubicó el origen de los godos en la península escandinava parece haberse iniciado con una errónea interpretación de lo dicho por el historiador Jordanes, quien escribió en latín, en el año 551, una historia de los godos intitulada De origine actibusque getarum (Del origen y hechos de los godos). Una revisión de lo que realmente dijo Jordanes, evidencia el grave error de traducción que a su vez alimentó la teoría de un origen escandinavo de los godos.

El nacimiento de un mito
Jordanes inicia la descripción de la patria goda original llamándola “la isla de Scandzia”. El texto en latín es:

 “Ad Scandziae insulae situm, quod superius reliquimus, redeamus, de hac etenim in secundo sui operis libro Claudius Ptolomeus, orbis terrae discriptor egregius, meminit dicens: est in Oceani arctoi salo posita insula magna, nomine Scandza, in modum folii cetri, lateribus pandis, per longum ducta concludens se. De qua et Pomponius Mela in maris sinu Codano positam refert, cuius ripas influit Oceanus. haec a fronte posita est Vistula fluminis, qui Sarmaticis montibus ortus in conspectu Scandzae septentrionali Oceano trisulcus inlabitur, Germaniam Scythiamque disterminans.»

La mayoría de las traducciones conocidas en los tiempos modernos recogen la palabra “Scandzia” y la interpretan como Escandinavia. Sin embargo, una traducción literal de lo dicho por Jordanes revela algo muy distinto:

 “Volvemos a la isla de Scadzia a la que nos referimos arriba, de la que en el libro segundo de su obra habla Claudio Ptolomeo, notable relator del orbe terrestre, y allí dice: hay puesta en el Océano del Norte una gran isla, llamada Scandza, con la forma de una hoja de limón, de lados arqueados, en alargada extensión terminando en si misma, que Pomponio Mela dice está en el mar en el golfo Codano cuyas orillas (acc.pl.: ripas) baña el Océano, y por su frente (abl.sg. de frons – cara, fachada) está colocado (positus est) el río Vístula que parte de los montes de Sarmatia, cayendo en tres ramales en el Océano de Septentrión con el sitio de Scandza a la vista, marcando la frontera entre Alemania y Escitia.”

El error parece haberse generado al considerar la palabra frons con el sentido de en frente, cuando el significado latín de esa voz es “el frente” y en el ablativo que utiliza el latín significa “por su frente”: por su parte frontal, que es lo contrario de “en frente”. El hecho de afirmar el autor que el nacimiento de la isla se ve (in conspectu) en la boca del Vístula, debía haber advertido a los traductores que no es posible “ver” a Escandinavia desde la boca del Vístula. Este solo hecho ya era suficiente para percibir de que no se trata de la península escandinava, porque la distancia desde el punto más cercano de Suecia a la desembocadura del Vístula es más o menos igual a la que separa Madrid de Barcelona y a nadie se le ocurriría decir que desde Madrid se puede “ver” Barcelona. Por otra parte, en la época en que escribió Jordanes, no existían mapas de la península escandinava y mucho menos mapas de la costa del mar Báltico en el que desemboca el Vístula, así que tampoco podía Jordanes “ver” las cosas, como hoy las observamos en un mapa. Tan escasos eran los conocimientos oficiales sobre esa área, que los autores antiguos solían llamar al mar Báltico “mar del Norte”, o simplemente “el Océano”.

Ahora bien: el texto de Jordanes, escrito en el año 551, fue dado a conocer a los historiadores modernos por el latinista germano Theodor Mommsen (1817-1903), Premio Nobel en 1902, en su obra “Monumenta Germaniae Historica”. El primer traductor del texto de Jordanes fue el lingüista alemán Wilhelm Martens (1884-1913) y la traducción fue publicada en 1914. En ella, Martens inicia la larga cadena de errores al traducir la palabra frons, no por “frente” sino por “en frente” (3), y además, obvia totalmente en la traducción la frase “terminando en sí misma”, limitándose a decir que la isla es larga.

Curiosamente, los traductores después de Martens, copiaron textualmente lo dicho no por Jordanes, sino por Martens. La traducción al inglés de Christopher Mierow data de 1915 y repite el error: “this island lies in front of”. La traducción muy reciente de Theedrich Yeast, vuelve a insistir en lo mismo, al tiempo que confiesa haberse guiado por las traducciones anteriores de Martens y Mierow. Dice Yeast: “this island lies opposite the river Vistula”. Una revisión de algunas traducciones en otros idiomas, parece confirmar que todos se guiaron no por el latín de Jordanes, sino que buscaron la facilidad del alemán o el inglés.

Lo importante es que mucho antes de Mommsen, el rey Alfonso X El Sabio ya tenía conocimiento de la Historia de los Godos escrita en el siglo VI por Jordanes. En su Historia
de España, al referirse en el capítulo 386 (4) al origen de los godos, Alfonso X El Sabio tradujo en el siglo XIII el texto de Jordanes (o copió el mismo texto que utilizó Jordanes, eso no podemos saberlo), pero tenía más clara la situación geográfica del lugar de origen de los godos, quizás porque en la época de sus cercanos antepasados, los godos de España todavía solían viajar a ese lugar para consultar a sus antiguos augurios, según lo relató en el año 1073, en Prusia oriental, el cronista Adamus Bremenensis en su obra Descriptio insularum aquilones. (5)

En su Primera Crónica de España, en el capítulo 386 titulado “Aquí comienza la estoria de los godos et cuenta de que yentes fueron et de quales tierras salieron”, el Rey Sabio incluye varias explicaciones adicionales:

1. que la isla está situada en el golfo “es assentada en el seno”;

2. que esa isla rodea la tierra y las costas adyacentes como un arco “cerca toda la tierra et a las costas aduchas cuemo en arco”;

3. que comienza en el lado Este de la boca del Vístula “correl aparte de orient el rio Vistula” y lo hace en el punto donde el Vístula se divide en tres ramales y marca la frontera con Alemania (la cual evidentemente se encontraba al Oeste, lo que significa que las tierras al Este de esa frontera no lo eran): “et dalli o comiença a parecer a la ysla de Scançia ua partido por tres canales et ayuntan se cercal mar de septentrion, et ua partiendo frontera entre tierra de Sciçia et de Alemanna.” (6)

Efectivamente, los dos largos bancos de arena que pueden ser considerados islas y hoy son penínsulas, se originan en la orilla Este del Vístula, en el sitio donde ese río desemboca en el mar Báltico que los autores antiguos y del medioevo llamaban “mar de septentrión”. (7)

Las confusiones de Melo
Otra confusión la originó el geógrafo Pomponio Mela, mencionado tanto por Jordanes como por Alfonso X El Sabio como la autoridad que define el nombre del golfo donde nace esa isla de Scandza. En su famosa geografía, Melo llama ese golfo Codanus sinus y lo coloca “más arriba del Elba”8, un río de Alemania situado bastante más al occidente del Vístula. (Por cierto, tanto Jordanes como Alfonso X dicen que Melo habla de ese golfo en su Libro II, cuando en realidad lo hizo en el Libro III). Resulta que Melo menciona dos veces en su geografía el nombre del Codanus sinus, pero parece situarlo cadavez en otro lugar.

Mela era un importante geógrafo español, quien escribió su famosa Chorographia, según concuerda la mayoría de los estudiosos, hacia el año 44 después de Cristo. (9) En ese libro ofrece descripciones excelentes y adelantas para su época del golfo de Vizcaya, pero sus conocimientos del norte de Europa pecan de muchos errores. En su capítulo 3,31 Melo sitúa el Codanus sinus (golfo Codanus) “arriba del río Elba”, pero más adelante, en el párrafo 54, pareciera hablar de Dinamarca y agrega que entre las islas de ese lugar está “Scadinavia” que, dice Melo, “ocupan hoy los teutones y que, por su fertilidad y tamaño supera las demás”. (10)

El problema entonces es que Mela no sabía exactamente donde se encontraba ese Codanus sinus, ya que lo colocaba cada vez en un lugar diferente. En cambio Jordanes y Alfonso X, al igual que otras fuentes, lo tenían por el actual golfo de Danzig, puesto que lo ubicaban en el sitio donde desemboca el Vístula.

Si observamos que Mela describió esa región del norte de Europa como un lugar cuyos habitantes vivían desnudos y se resguardaban del intenso frío cubriéndose con sus propias orejas que tenían muy largas, o que se transformaban de noche en lobos, cabe abrigar ciertas dudas sobre las fuentes de información que utilizó Mela. En cambio, la gran virtud de Alfonso X El Sabio es la escrupulosa exactitud, asombrosa en un siglo XIII, de sus datos geográficos. En ese aspecto, debemos otorgar mucha más credibilidad a Alfonso X, y esto nos ubica definitivamente en el banco de arena que empieza al Este de la desembocadura del Vístula y, efectivamente, a partir de allí rodea la tierra y las costas como un arco.

El nombre de Codano
La arqueología indica que la región al Este de la desembocadura del Vístula fue habitada por pueblos bálticos desde por lo menos 2000 antes de Cristo y dejó de serlo en su ala occidental cuando lo que hoy es Prusia oriental fue invadida por los germanos en el siglo XIII después de Cristo. Antes de esa fecha y durante más de tres mil años, la región presenta el cuadro arqueológico y posteriormente histórico, de una permanente presencia báltica. (11) Los nombres de los lugares geográficos son de origen báltico. (12) Es cuando vale la pena examinar si la voz “Codano” entra también en ese grupo y averiguar cómo la pronunciaban en el idioma local.

Una de las diferencias entre los idiomas bálticos (o en nuestra opinión – godos) y el latín, es que generalmente el báltico antiguo pronunciaba la G en el lugar donde el latín tenía el sonido K. (13) Como ejemplos de esa tendencia traída por los godos, podemos mencionar las voces latinas lacrima y lacus que se convirtieron en España en lágrima y lago (14). Otra diferencia son los diptongos, que el latín ya no pronunciaba, pero que en los idiomas bálticos eran (y son) abundantes al punto de modificar en España muchas palabras latinas agregándoles el diptongo: ej. bonus dio “bueno”, novus se transformó en “nuevo”, “regnum” en reino, “ferrum” en hierro, etc. (15)

Si invertimos la regla y nos preguntamos cómo deformaba el latín las palabras godas, tenemos que la G goda debe transformarse en una K latina. Efectivamente, Codano es la pronunciación latina (con el sonido K y sin el diptongo) de la voz báltico-prusiana “gudian” y “godian” – godos. El sinus codanus, era entonces simplemente el golfo Godian, o golfo de los godos.

Entre los autores que comprendieron que el “sinus Codanus” era el “golfo de los godos” cabe citar al historiador Edward Gibbon (1737-1794). En su famosa obra “Decline and fall of the Roman Empire”, Gibbon escribió: “El poder de los godos debe haber sido grande en ese tiempo: es probablemente a ellos que el Sinus Codanus debe su nombre”.

Ya anteriormente, el historiador prusiano Matheus Praetorius, se refería en el año 1688 a la voz “Codano” como una traducción de “Godan”.16 Además de testificar que esa era la voz todavía utilizada en su tiempo, también cita al geógrafo Cluverio, famoso en Ámsterdam: “Cluverius ab hoc Codano seu Godano sinu, celeberrimam Regalis Prussiae Urbem Gedarum dictam, vulgo Dantiscum, seu Danzig. Quod aliis Gythonium, veterum cultorum nomine vocatum, audit.; suma traxisse originem testatur” (17) Philippus Cluverius (1580-1623) era un geógrafo alemán nacido en Danzig y autor de importantes obras de geografía editadas en Holanda. Indica, según Praetorio, que el golfo se llamaba Codano o Godano y allí estaba la ciudad de Danzig, “antiguamente llamada Ghytonium – lo que indica de dónde le viene el nombre” – o sea que el nombre viene de los godos.

El significado de “scandia”
En ese mismo libro Orbis gothici publicado en 1688 en Prusia Oriental por el historiador Matheus Praetorius (1635-1707), el autor afirma que la voz Scandia proviene del verbo báltico skandinnu (en lituano moderno la voz “skandinu” existe, y significa “yo sumerjo”, del verbo skandinti, skandina - sumergir). Efectivamente, Praetorius traduce la palabra por “sumerjo” (“… deductum putat nomen a voce Sarmatica skandinnu, Submergere”). En ese mismo capítulo, Praetorio explica que “los ancianos” llamaban así a las “maris Balthici oris” – las costas del mar Báltico (18).

En realidad, la voz scanda, scandinavia y scandia, o las scandzia, scandza, scançia que en Jordanes y AlfonsoX muestran la típica palatización de los idiomas bálticos (la cual fue introducida por los godos en España y palatizó las palabras latinas), es sinónimo de otra voz báltica, que en lituano es “nerija” (viene del verbo nerti, neria, nėrė – sumergirse).

Decir “skandina” o “neria” es decir lo mismo. A medida que los bálticos occidentales fueron sucumbiendo a partir del siglo XIII ante los teutones, y los bálticos orientales avanzaron sobre la casi totalidad del territorio lituano, pareciera que la palabra “nerija”, que los bálticos orientales utilizaban con más frecuencia cuando hablaban de costas (19), se impuso sobre “skandina”. Sin embargo, hasta el día de hoy ambos verbos siguen coexistiendo en el idioma lituano con idéntico significado.

De acuerdo con la enciclopedia lituana, la voz nerija significa “bancos de arena que se forman en orillas poco profundas de océanos, mares, bahías y grandes lagos. (…) La más conocida (en Lituania) es la Nerija de Curlandia…” (20).  Estamos hablando del banco de arena que forma una península, la cual se origina al Este de la boca del Vístula y se denomina en lituano moderno Nerija, pero aparentemente en el pasado, solían llamarla “Skandzia”, lo cual corresponde a una forma gramatical correcta del lituano para decir: la que se sumerje.

Praetorius considera la posibilidad de que el nombre “sumerjo” (skandinu) se deba a las naves hundidas en ese mar, pero si comparamos esa palabra con su sinónimo contemporáneo, el verbo nėrė (se sumergió) con el derivado “nerija”, tenemos que el significado son bancos de arena sujetos a las mareas o inundaciones. La palabra seguramente tenía un uso utilitario, porque advierte al navegante que en esa costa corre peligro de encallar y debe calcular la marea para anclar o zarpar. Muchas costas del mar Báltico son formadas de bancos de arena llanos, donde la marea alta cubre grandes extensiones, para luego retirarse. De ser cierto, como lo sugiere Praetorius, que los bálticos fueron los tempranos colonizadores –o por lo menos visitantes- de las costas del mar Báltico, la voz debe haber sido el natural apelativo de los sitios que visitaban por vía marítima.

Entre las varias “scandias” así llamadas por los godos, una de ellas corresponde al lugar de donde partieron. Según Jordanes, es la “Scandza” que empieza en el lado Este de la desembocadura del Vístula y fue la “vagina” de la que salieron las naciones: vagina nationum (21). Alfonso X El Sabio lo dice en otras palabras: según él, esa Scandia fue “fuente criadera de yentes” (22)

Dos ciudades llevan en esa área otrora habitada por los bálticos prusianos, el nombre de “Scanda”.

Una es la hoy pequeña ciudad de Skandava en la actual Polonia cerca de la frontera con Lituania, en lo que fue el corazón de los territorios de los prusianos bálticos. Está situada a orillas de un río y en la encrucijada de vías de comunicación desde el mar Báltico hacia los territorios bálticos de tierra adentro. En la tardía edad de bronce, había sido un centro cultural y comercial, al juzgar por los restos arqueológicos en los que fueron encontrados numerosos objetos de la edad de bronce, así como cierta cantidad de monedas romanas.23 Se llama hoy Skandava en lituano, Skandawa en polaco y Scandau en alemán.

La otra es la ciudad portuaria fundada por el primer rey godo, Bueric, con el sencillo nombre de Scandia de los Godos – sería en lituano moderno “gudų Skandija” y en lituano antiguo “gudum Skandia”, de la que quedaron en polaco las consonantes GDaNSK (Danzig en alemán).

También está la provincia costera sueca de Skane en la península escandinava.
Contrariamente a Gdansk, no lleva el nombre de los godos, salvo que a todas luces, fueron los godos quienes conocían sus orillas y las llamaban por lo que eran: bancos de arena beneficiados por las mareas, o sea “scandinavias”.



2ª MENTIRA: EL ORIGEN GERMANO

Las preguntas sencillas son las más difíciles de responder. ¿Por qué los godos de España se llamaban “godos”? ¿Por qué no se llamaron “Goths” al estilo germano, o “getae” según el latín clásico e incluso “getes” del latín tardío?

En España la palabra godo (y “gudo” que también aparece en textos romances) no es el getae latín, ni el Goth germano, sino el “gudo” de los idiomas y pueblos bálticos, oriundos desde por lo menos el segundo milenio antes de Cristo de la costa del mar Báltico y la cuenca del alto Dnieper. De allí partieron en los siglos IV y V a la conquista de Roma, para luego proseguir hacia el sur de Francia y a toda España.

Cabría preguntar a quienes afirman que los godos fueron germanos, ¿por qué al llegar a España, los godos en vez de llamarse “goths”, decían “godo”? ¿Cómo explicar ese salto de garrocha lingüístico que de pronto brinca por encima de Alemania, para reproducir en España el nombre que se daban a si mismos los pueblos godos de Europa oriental?

Las poblaciones de los bálticos orientales que vivían en la cuenca del alto Dnieper antes de que sus territorios fuesen paulatinamente invadidos por los eslavos a partir del siglo VI, eran conocidas en Europa oriental como naciones “godas”. El historiador lituano Simanas Daukantas (1793-1864) escribe que se les dividía en:

* los godos blancos ( en el original “balti gudai”), habitantes de las actuales regiones de Polotsk, Vitebsk y Esmolensko;

* los godos marrones (“rudi gudai”), población de las antiguas tierras prusianas de Polonia del sur y Masovia;

* los godos negros (“juodi gudai”), en los llamados bosques negros, región de Kiev, Severia, Novgorod y Pleskava. (24)

Hasta el día de hoy, en Lituania, la hoy eslava -pero otrora báltica- Bielorrusia, es la “Gudia Blanca”, en lituano moderno Baltgudija.

En cuanto a los godos occidentales, el historiador prusiano Matheus Praetorius (1635- 707), explicó en su libro Orbis Gothici, publicado en 1688, que el “Gothus” latín era lo mismo que el “Guddus” de los antiguos prusianos: “adeo ut Gothus sive Guddus idem...” (25)

Praetorius habló en su obra del nombre Guddae (“Guddae nomen”) con que se identificaba la nación báltica que desde tiempos inmemoriales vivía en Prusia Oriental hasta que esa región fuera vencida por los caballeros teutónicos en el año 1306, que es cuando se transformó en territorio germano. El idioma báltico de esos antiguos prusianos se extinguió definitivamente al final del siglo XVII.

Los visigodos que invadieron España en el siglo V, procedían de Prusia oriental y se autodenominaban “godos del crepúsculo”, mientras que los ostrogodos, invasores de Italia, eran los “godos de la aurora”, según las raíces bálticas vak-vac (vats) con la variante eslava vech- (crepúsculo) y auš(te)ra, austrums (aurora). Los visigodos eran los godos occidentales y los ostrogodos eran los godos orientales, tal como lo indican sus nombres y lo confirman sus lugares de origen.

El cambio de nombre
Los estudiosos alemanes del siglo XIX, en su mayoría firmes defensores del origen germano de los godos, aparentemente no encontraban cómo interpretar los múltiples documentos antiguos sobre el imponente pasado de esos “godos” del Báltico, que de ninguna manera podían ser considerados germanos. Cada vez que se topaban en los documentos antiguos con la palabra “godo” y aparecía que esos “godos” no procedían de territorios germanos, el problema se les hacía insoluble, sobre todo porque a ninguno se le llamaba “goth” y todos eran “godos” o “gudos”.

El filólogo germano Georg Heinrich Ferdinand Nesselmann (1811-1881), investigador del idioma de los antiguos prusianos, decidió que en vez de llamar a ese pueblo por su nombre original “Guddae”, era mejor quitarle ese apelativo y sustituirlo por otro, menos dado a confusiones. Decidió bautizarlo “báltico”, por el mar Báltico en cuyas orillas siempre había vivido. Así lo hizo en su libro Die Sprache der alten Preussen (El idioma de los antiguos prusianos), publicado en 1848. Allí propuso que los idiomas prusiano antiguo, lituano y letón fuesen llamados “idiomas bálticos”. Lo grave no fue el hecho de inventar un nuevo nombre, sino que Nesselmann colocara el nombre original de los “godos” dentro de la calificación exclusiva de “germánicos”. A partir de 1848, todo lo relacionado con los godos de España, se transformó en una inmensa confusión.

Lo realmente asombroso es que nadie protestó, y los pueblos de la antigua Prusia, Lituania y Letonia, fueron catalogados mundialmente como una rama “báltica” del grupo indoeuropeo. La novedad fue universalmente aceptada. Entre las consecuencias del improvisado bautizo, cabe mencionar que los académicos occidentales no fueron informados del cambio de nombre. Muchos se quemaron inútilmente las pestañas buscando algún legado de idiomas germánicos en la génesis del castellano, sin jamás llegar a saber que el nombre “godo” indicaba originalmente a los pueblos bálticos.

¿Gudos o godos?
En Lituania, la palabra contemporánea es “gudas, gudo”. En España, se afincó como “godo”, con una O en la raíz. Si nos preguntamos cuál de las dos formas es la original, la respuesta es que España adoptó la versión de los idiomas hablados en la región costera de los bancos de arena que Jordanes llamó “Scandza”.

“Godo” corresponde a la pronunciación del dialecto costero de Saugiai, región del puerto de Klaipėda. El lingüista Jonas Užpurvis señaló que el dialecto de Saugiai, aledaño a Nerija, la península de arena de donde partieron los godos, utiliza en la raíz la O larga y también la O corta, en palabras que otros idiomas bálticos pronuncian con U. 26

En España, en los inicios del romance, ambas versiones estaban presentes, lo cual es natural si pensamos que los invasores godos provenían de todas las naciones bálticas occidentales, donde algunas utilizaban la U y las más occidentales de la costa pronunciaban la misma palabra con O. Por ejemplo, Ramón Menéndez Pidal cita nombres medievales de pueblos españoles con la pronunciación U: Gudiel, Gudiellos, Gudillos, pero también recopila la presencia de Godiellos, La Goda, Goda, etc.27 El experto en la formación del romance Paul M.Lloyd, señala las palabras donde la U latina pasa a ser una O en español:

bucca se transforma en “boca”, y lupu en “lobo”, pero Lloyd se pregunta por qué esto ocurre en algunas palabras y no en otras.28 La respuesta podría ser simple: algunas lenguas bálticas pronunciaban la O, mientras que otras decían U. Depende de quién, entre los godos llegados a España, lo decía, porque eso a su vez dependía de la región báltica de su procedencia.

Lo que nunca existió ni en el Báltico ni en España, fue el “goth” al estilo alemán. Los bálticos en Europa oriental y los españoles en España, utilizaron ambos tanto la modalidad “gudo” como la de “godo”, con la particularidad que en el lituano culto contemporáneo arraigó la versión “gudo”, mientras que en España prevaleció la de “godo”.



3ª MENTIRA: LA BIBLIA DE ULFILAS

El historiador Jordanes vivió a mediados del siglo VI. Escribió su Historia de los godos ciento cuarenta años después de la toma de Roma por los visigodos, y unos sesenta años después de la conquista de Italia por los ostrogodos. En un capítulo de esa historia, Jordanes se refirió a la situación en los Balcanes después del caos creado allí por el avance y posterior derrota de los hunos. Lo hizo como testigo presencial, porque además de fechar su escrito en el año 551, lo escribió en Bizancio, que para esa fecha era el Imperio Romano acceso a las primeras fuentes directas, lo cual le confiere un alto grado de credibilidad.

Los capítulos 50 y 51 de Jordanes relatan en qué lugares de los Balcanes se asentaron las diversas etnias que quedaron dispersas en la región después de la desaparición del poder huno (año 455). En el capítulo 50, Jordanes enumera los pueblos que se instalaron en lo que había sido el territorio regido por los hunos, y precisa el área geográfica que ocupó cada grupo: los gépidos estaban en Dacia (parte de la actual Rumanía), los godos vivían en Panonia en las ciudades de Esmirna y Vindobona (actual Viena), los sauromatas llamados “sármatas” con los cemandros y algunos hunos se alojaron en la ciudad de Castra Martis en Iliria. Los esciros, los sadagaros y parte de los alanos con su jefe Candac, ocuparon Escitia menor y Moesia inferior (parte de Bulgaria). Es de notar que cada nombre se refiere a otra nación, de las que muchas no tenían nexos ni de origen ni de lengua.

De paso, Jordanes cuenta dónde se encontraban diversos miembros de su propia familia, desde abuelo, padre, tía y primo, lo que indica una información de primera mano y confirma un hecho importante: había en aquel momento en los Balcanes post-hunos, una mezcla de gente de diversos orígenes que convivían en un área relativamente reducida.

Jordanes dice que su abuelo fue secretario de Candac, el jefe de los alanos. Continúa diciendo que el hijo de su hermana Gunthigis, era hijo de Andago, quien era a su vez hijo de Andela, descendiente de la estirpe real ostrogoda de los Amalos, lo que significa que esa rama de su familia eran godos de sangre real.

Jordanes sigue nombrando una maraña de otras naciones presentes en ese rompecabezas balcánico, y allí aparecen los rugios (germanos) al lado de lo que quedaba de los hunos, agrupados, todos ellos, en una parte de la actual Rumania.

Una vez terminado el complicado recuento, Jordanes pasa al capítulo 51: “También existían otros godos, los llamados pequeños godos, una nación innumerable. Su sacerdote y jefe era Wulfila, que también parece haberles inventado unas letras. Hoy (o sea en tiempo de Jordanes que es el año 551) ellos están en Meosia en la región de Nicopolis al pie del monte de Emi (el monte Hemus, en la Stara Planina búlgara), son muy numerosos, pero pobres y nada guerreros, una gente que carece de cualquier fortuna salvo que tienen rebaños de todo tipo, alimento para ganado y madera en los bosques. Su tierra produce poco trigo, pero es rica en otros frutos. No saben de viñedos y compran vino a sus vecinos. La mayoría de ellos bebe leche.”

Lo anterior es todo lo que está escrito en ese brevísimo capítulo 51. Jordanes, quien escribe en 551, habla del grupo llamado “los pequeños godos” y se refiere a su ubicación en tiempo presente: “Hodieque sunt in Moesia…” – y hoy están en Moesia… Cabe observar que en esa misma fecha, los visigodos gobernaban España. Su rey era Aguila y a partir de 554 entronizaron a Atanagildo. Los ostrogodos estaban en Italia, donde su reino se inició en 493 con la entrada de su rey Theodorico en Ravena. Ese reino duró hasta el año 555, cuando –muerto ya Theodorico – ocurrió la rendición final de las tropas ostrogodas ante la invasión bizantina.

De manera que tenemos en aquel año 551 muchos tipos de godos:
1. los visigodos de España, 
2. los ostrogodos de Italia, 
3. los visigodos y ostrogodos que no participaron de la marcha a Roma y seguían viviendo en sus tierras étnicas en el Báltico y casi todo el noreste de Europa, y 
4. los “pequeños godos” de Wulfilo (Ulfilas), asentados al pie del monte Hemus en Bulgaria.

Esos “otros godos”, como los llamó Jordanes, no muestran mucho en común con los visigodos u ostrogodos. No eran guerreros, eran pobres, vivían en una región poco favorecida, al pie de una cordillera con cuatro picos de más de 2.000 m de altitud, como lo es la Stara Planina, y su subsistencia dependía de rebaños y de madera. En tiempos posteriores, no hubo más noticia de ellos. Lo único que quedó, es la Biblia que les escribió Ulfilas y que originó la teoría del origen germano de todos los godos.

En el siguiente capítulo, el 52, Jordanes vuelve a marcar la diferencia, al decir: “Ahora, para volver a la gente de la que tratamos (en este libro), o sea a los ostrogodos…”, lo cual nos permite interpretar que los “pequeños godos” no lo eran.

Testigo de su tiempo y su circunstancia
La Biblia de Ulfilas, llamada Codex Argenteus debido a sus letras plateadas y su portada de plata, apareció en el siglo XVII en un convento de Werden, en el Ruhr, Alemania. De sus 330 páginas originales sólo quedaban 187. El volumen fue adquirido por un coleccionista sueco, pasó a manos de la corona de Suecia, luego fue sustraído y vendido en Holanda donde lo compró nuevamente un sueco, Magnus de La Gardie, quien lo donó a la Universidad de Uppsala, Suecia. En 1769, el lingüista sueco Johan Ihre publicó un estudio de la lengua en que esa Biblia fue escrita. Comprobó que su fonética y parte de su vocabulario eran germánicos. A partir de entonces, prevaleció el convencimiento que los godos eran germanos.

El relato oficial de la vida de Ulfilas (310-383), indica que se formó en Constantinopla, fue consagrado obispo en la fe arriana en 341 y durante casi una década evangelizó a unos godos de Dacia (Rumania), pero al sufrir la persecución por su fe cristiana, huyó con sus seguidores a lo que hoy es Bulgaria. Las fuentes alemanas en la Historia Universal de Walter Götz indican que la persecución partió de los visigodos y por eso huyó Ulfilas: “sus correligionarios sufrieron bastantes ataques y sobre todo les era hostil el príncipe Atanarico. Un calendario gótico da cuenta de no pocos mártires. Hacia 350 resolvióse Wulfila con sus partidarios – se les llama pequeños godos – a pasar al territorio de Roma. Estableciéronse en la comarca de Plewna” (29), o sea en Bulgaria. Podemos añadir que el Atanarico que persiguió a Ulfilas (Wulfila) y su grey, fue posteriormente rey de los godos y como tal fue recibido con grandes honores en Constantinopla en el año 383, ciudad donde murió.

Los feligreses de Ulfilas, al juzgar por el idioma en que fue escrita su Biblia, eran un producto de las mezclas de gente de diversas procedencias que en esas décadas cohabitaban en los Balcanes. El vocabulario usado por Ulfilas es una mezcla de palabras germanas, bálticas y eslavas. (30) El alfabeto, igual que la lengua, es un collage de letras griegas, romanas y rúnicas, lo que también refleja el momento y el lugar. La fonética es claramente germana, con el característico “Lautverschiebung” de la pronunciación alemana. Los germanos, que vivían en las nacientes del Danubio y bajaban a lo largo de su cauce, tenían forzosamente que estar presentes en medio de todas las mezclas que cohabitaban en la cuenca de ese río. De modo que no hay ninguna contradicción en cuanto al interés suscitado por el Codex Argenteum, siempre y cuando se le considere como una muestra del momento y de las circunstancias en que fue escrito.

El error de los lingüistas e historiadores consistió en atribuir la lengua de la Biblia de Ulfilas a los godos que, bajando desde el Báltico y el alto Dnieper, conformaron los dos ejércitos que vencieron Roma en dos oportunidades, la primera en el año 410 con los visigodos bajo el mando de Alarico, la segunda en 493 con los ostrogodos bajo el mando de Theodorico. Esos ejércitos eran reputados por su tradición guerrera, y como lo atestiguan las fuentes históricas, ninguno fue inferior a 200.000 hombres bajo armas, lo que indica una población muy superior al grupito pacífico de seguidores del obispo Ulfilas. Quienes propagaron la teoría de que los “pequeños godos” asentados al pie del Monte Hemus, en un área que no es sino una fracción de la actual Bulgaria, representaban a aquellos godos que vencieron al mayor imperio de su tiempo, y que por lo tanto los godos eran germanos, obviaron todo estudio de su procedencia y origen territorial, tan detalladamente descritos por Jordanes y Alfonso X El Sabio.

Los antiguos linderos de los pueblos godos
Cuando Jordanes escribió que los godos lindaban en su frontera occidental con los germanos, decía algo evidente: que godos y germanos eran dos naciones distintas, puesto que los separaba una frontera, igual como en la actualidad, cuando hablamos de la frontera entre Francia y Alemania, es evidente que de un lado están los franceses y del otro los alemanes.

Jordanes explica la diferencia entre germanos y godos de múltiples maneras. En el capítulo III de su Historia de los Godos dice que el río Vístula era la frontera entre los godos y los germanos. Nuevamente, en el capítulo V, describe los linderos de la Escitia goda y reitera: “Scythia si quidem Germaniae terre confines eo tenus, ubi Ister oritur amnis vel stagnus...” - indicando que el lindero de Escitia con Germania llega hasta la naciente del Ister (el Danubio). Vuelve a insistir en ese mismo capítulo cuando dice que la Escitia de los godos linda en su frontera oriental con los pueblos de raza amarilla y en la occidental con los germanos.

Abundan también otras referencias de que el lindero oriental de los pueblos godos fueron los montes Urales “que dividen Asia de Europa”. Las encontramos en Jordanes, le sigue Alfonso X El Sabio, y en el siglo XVII el hecho seguía siendo de conocimiento público en España, al juzgar por lo que escribió Iullian del Castillo en 1624: “Nuestros Godos y sus Reyes fueron Godos, o Ostrogodos (sobre que ay diuersas opiniones) no ay para q. difinirlo aqui: pues segun Pedro Mexia en la Silua donde trata dello, no huuo ni ay mas diferencia de los vnos a los otros, que ser los Ostrogodos mas Orientales en su prouincia, y cercanos a los montes Ripheos (los montes Urales), y rio Thanais (el río Don) y la línea que los diuide de Asia...”. (31)

Alfonso X El Sabio, en la Primera Crónica General, Estoria de España (32), copia a Jordanes o coincide con él (no lo sabemos), pero le agrega su notable conocimiento de la geografía de Europa oriental, cosa poco común en aquel tiempo. Dice en el capítulo 388, titulado “Del assentamiento de Sciçia et de cuemo se mantuuo en ella la hueste de los godos”, que “...tiene esta tierra de Sciçia de parte de orient los pueblos seres (de raza amarilla) et en so comienço la ribera del mar Caspio; de parte de occident, los germanos et el rio Vistula...”. Un poco más lejos, explica: “E son en el comienço deste tierra de Sciçia los montes que dizen Tanays (Urales)...”.

Estas referencias debían haber puesto a pensar a los estudiosos, que los germanos no deben haber pisado nunca los montes del Ural, situados en lo que hoy es el extremo Este de la Rusia europea. Nunca los germanos han tenido una frontera con Asia y menos con pueblos de raza amarilla. Además, para los estudiosos más recientes, habría sido fácil cotejar lo que decía Jordanes y Alfonso X, mirando un mapa arqueológico que mostrara las fronteras étnicas de las diversas tribus bálticas antes de la partida de los godos hacia Italia, Francia y España.

Esos mapas existen. Fueron publicados en la década de los 60 en universidades y revistas especializadas. Son el producto de estudios serios, elaborados por la Universidad de Harvard y la de California en base a evidencias arqueológicas. (33) Han sido aceptados en todos los círculos académicos del mundo. Posteriormente, fueron ampliados por la toponimia que confirmó la presencia báltica en la parte norte de la antigua Escitia. Allí los estudiosos del caso podían observar que el bajo Vístula fue durante muchos siglos el lindero entre los bálticos occidentales y los germanos y que los montes del Ural fueron durante milenios la línea divisoria entre los bálticos orientales y las poblaciones de raza amarilla (pueblos seres). Se habrían convencido que Jordanes y Alfonso X El Sabio sabían perfectamente lo que decían.

En conclusión
Jordanes provenía de una familia goda, lo que confirma su seriedad como fuente, cuando establece una diferencia entre los godos como pueblos, y los “pequeños godos” dirigidos por Ulfilas. Por su parte, Alfonso X El Sabio, rey de Castilla y León, era en su tiempo la cabeza visible de la Reconquista dirigida por “una nobleza que en su mayoría solía enorgullecerse de su sangre goda y de la forma como hablaban, por mas que su lengua, un latín deformado, fuese considerada ´inferior´ al lenguaje de los romanos. Entre los mayores logros históricos de Alfonso X, está el haber consolidado las victorias de su padre, Fernando III El Santo, sobre Baeza, Córdoba, Jaén, Sevilla, Jerez y Cádiz de la manera más duradera: lo hizo reemplazando el latín y los diversos dialectos locales por un idioma común, el castellano, y le dio alcurnia como lengua escrita, apta para tratar temas de altura, tales como las ciencias, la historia, las leyes y la literatura.” (34)

La lengua que deformó el latín y a la que Alfonso X El Sabio otorgó alcurnia de lengua escrita y culta, no era la de la Biblia de Ulfilas, sino el antiquísimo idioma que sus antepasados godos insertaron en el latín encontrado en España y ese injerto no contenía los rasgos de un idioma germánico.35 Además, los conocimientos que tenía Alfonso X El Sabio de la antigua historia de los godos se evidencian por las precisiones y ampliaciones que agregó a los textos anteriormente conocidos sobre la Historia de los Godos, cuando la incluyó en la Crónica General de España. El Rey Sabio no sólo sabía de dónde provenían los godos y sus lenguas, sino que no se equivocaba cuando los consideraba portadores de una antigua tradición cultural.

Por lo tanto, cuando se trata del área de origen de los godos, es preciso buscar lo que escribió Jordanes o lo que dejó plasmado Alfonso X El Sabio, puesto que se está en presencia de dos fuentes que contaban con información privilegiada. Ambos merecen que se les diera crédito y se estudiara detenidamente lo que dejaron escrito.

Nota: Es de sospechar, que igual como Ulfilas inventó un alfabeto en el que mezcló letras romanas, griegas y rúnicas, también haya intentado “patentar” un idioma neonato, inventándole una forma escrita. Uno de los problemas que últimamente molesta a los germanistas, es que ese idioma no encaja en ninguna de las grandes familias de los idiomas germanos, representadas por el grupo nórdico (ej. el noruego, islandés, sueco, danés) y el grupo occidental (ej. alemán, inglés, escocés, holandés). No hay manera de asignar el “gótico” de Ulfilas a ninguno de esos dos grupos y surgió la necesidad de inventar una tercera especificación que llamaron “central”, en la que sólo figura el misterioso “gótico” de Ulfilas.



4ª MENTIRA: “ERAN UNOS SALVAJES"

Para el 2000 antes de Cristo, grupos nórdicos de godos provenientes de Prusia Oriental, Lituania y Letonia, se habían extendido hacia las costas de Estonia y Finlandia, área que luego abandonaron hacia el 1500 antes de Cristo (36). Allí vivían originalmente unos pueblos nómadas, que se alimentaban de caza y pesca. Eran de raza amarilla, hablaban un idioma fino-ugrio que no es indoeuropeo, y al parecer se mezclaron rápidamente con los godos.

Los estudios arqueológicos, además de ubicar allí viviendas bálticas y fecharlas entre el 2000 y el 1500 antes de Cristo, encontraron sepulturas conjuntas de las dos razas y tumbas de individuos que ya son la mezcla de ambas (37). La teoría generalmente aceptada es que los descendientes modernos de esa mezcla son los finlandeses y estonios, quienes hablan un idioma fino-ugrio, pero son personas predominantemente rubias, en las que la herencia fino-ugria fue diluida por el aporte de la raza blanca.

Lo más interesante es que esos idiomas fino-ugrios recibieron una contaminación de vocablos bálticos cuyo estudio brinda una doble ventaja: es fácilmente reconocible porque se insertó en un idioma que no es indoeuropeo, y es posible fecharla, puesto que el primer contacto ocurrió en el neolítico. Cuando el lingüista Vilhelm Thomsen publicó en 1890 un listado de palabras bálticas insertadas en los idiomas fino-ugrios, su lista reflejó las actividades que los bálticos ya habían desarrollado en esa época, porque “los lingüistas consideran que estas palabras fueron transferidas de un idioma a otro en el segundo y primer milenio antes de Cristo”. (38)

La lista de Thomsen fue posteriormente ampliada por el lingüista ruso Srebrennikov en 1957 y ambas fueron compendiadas por la arqueóloga Marija Gimbutas, quien observó que las tribus nómadas de cazadores-pescadores fino-ugrios cambiaron su modo de vida cuando entraron en contacto con los bálticos, puesto que “el mayor número de voces bálticas transferidas a los idiomas fino-ugrios versan sobre las novedades introducidas en la economía: son nombres de animales domésticos, vocablos relacionados con el cuido y aprovechamiento de esos animales; nombres de cereales y semillas, vocabulario relacionado con los cultivos, la hilandería, etc.”. (39)

Ese vocabulario evidencia que para entonces, los bálticos practicaban la agricultura, cortaban el pasto para guardar el heno, aprovechaban la paja y utilizaban utensilios especialmente diseñados para esas labores. No sólo legaron las palabras semilla, mijo, lino, cáñamo, sino también paja, heno, rastrillo, huerto y otras.

Los restos de huesos de animales domésticos encontrados en las excavaciones arqueológicas de las viviendas bálticas del segundo milenio antes de Cristo y el vocabulario transmitido en esa época, indican la práctica de la cría: “Entre los diversos nombres de animales domésticos recibidos de los bálticos están el morueco, el carnero, el chivo, el lechón y el ganso. La palabra báltica que indica el corcel (lit. žirgas, prus. sirgis, letón zirgs), en los idiomas fino-ugrios significa toro (finlandés härkä, estonio härg, libio ärgta, vepsio härg). La palabra finlandesa que indica el yugo, juhta, viene de la voz lituana junkta-s, jungti, - juntar, colocar el yugo. También está la palabra que describe el encierre de las ovejas: lit. gardas, mordvino karda, kardo, e igual ocurre con la palabra que se refiere al pastor. (40)

Según la arqueóloga Gimbutas, en el vocabulario legado a los fino-ugrios “hay todo un grupo de voces referentes a la hilandería: el volante de la rueca, la lana, el desgargolar el cáñamo, los lizos de un telar, la cuerda, todo esto muestra que la industria textil también fue ntroducida por los bálticos.” (41)

¿Qué más introdujeron los godos en el vocabulario fino-ugrio de hace 4.000 años?
Según Gimbutas: “Los fino-ugrios recibieron de los bálticos los vocablos para designar el hacha, el gorro, el zapato, la jarra, el cucharón, el mango, el gancho, la cesta, el tamiz, el cuchillo, la pala, la escoba, el puente, el barco, la vela, el remo, la rueda, el trineo, la pared, el paral, la pértiga, la vara, la flecha, el sauna. Se transmitieron hasta los instrumentos musicales como la cítara, en lituano kanklės. Un largo listado de los nombres de los colores resultaron ser de origen báltico: amarillo, verde, negro, oscuro, gris azulado - y también muchos adjetivos - ancho, estrecho, vacío, tranquilo, viejo, secreto, valiente. La palabra amor y deseo deben haberse transmitido en una época muy temprana, porque la encontramos idéntica en los idiomas fino-ugrios del norte y en los del Volga (en lituano meilė - amor - mielas - querido; en finlandés mieli, en erza-mordvin mel, en udmurtio myl). El grado de intimidad alcanzado entre los bálticos y los fino-ugrios se evidencia por la transmisión de palabras que indican las diferentes partes del cuerpo: el cuello, la espalda, la hendidura de la rodilla, el ombligo, la barba. De origen báltico son la palabra vecino y las que designan a los miembros de la familia: hermana, hija, nuera, yerno y primo hermano, lo que indicaría frecuen7tes matrimonios entre bálticos y finougrios.

Áreas de contacto en materia religiosa son evidenciadas por las palabras que designan el cielo (taivas que viene de la voz báltica deivas - dios), el Trueno (en lituano Perkūnas, en letón Perkonis; en finlandés perkele, en estonio pergel).

“La gran cantidad de palabras recibidas de los bálticos y las largas listas de vocablos relacionados con una economía y toda una tecnología para producir alimentos, indican que los bálticos llevaron la civilización a las regiones del noreste de Europa habitadas por los cazadores-pescadores fino-ugrios.” (42)

Por su parte, el insigne lingüista lituano Kazys Buga, ha utilizado este vocabulario para describir el modo de vida que esas palabras reflejan, anotando entre otras cosas: “Se construían cercas y éstas tenían entradas. Para pescar utilizaban el barco, que empujaban no sólo con los remos, sino también con la vela. (…) Calzaban zapatos hechos de piel curtida, se cubrían la cabeza con sombreros. Protegían sus manos del frío invernal con guantes de piel. (…) Para viajar en verano lo mejor eran las carretas y en el invierno se utilizaban los trineos. Para entonces ya se viajaba por carreteras y en los lugares de paso difícil se construían puentes. Las ruedas de las carretas se untaban con alquitrán.” (43)

Un sistema permanente
La práctica de la cría de animales domésticos a gran escala y posiblemente con vigilancia comunal, se mantuvo como una de las principales actividades económicas de los bálticos a lo largo de milenios, porque cuando los godos llegaron a España en el siglo V después de Cristo, introdujeron un importante vocabulario de ganadería, voz cuya raíz viene del verbo báltico “gano”- en lituano “lleva a pastar”. De allí viene ganado que es el participio de ese verbo, mantenido en España sin modificación alguna, igual como ganadero es –también sin modificación– la persona que lleva a pastar.

Según la arqueóloga Karen Eva Carr (Vandals to Visigoths, Rural Settlement Patterns in Early Medieval Spain), las invasiones del siglo IV y V transformaron la vida rural en la península. Escribe Carr, que uno de los cambios fue la importancia concedida a la cría que complementó y sustituyó parcialmente la industria del aceite de oliva. (44)

De que se trataba de una “industria” ganadera, lo prueba la profusión en las llanuras que los godos ocuparon en el sur de Francia, de sitios llamados “motte” – donde se erguían torretes tipo faro, destinados a la vigilancia de las extensiones donde pastaban los caballos y el ganado (45). La voz significa “el sitio para ver” (viene del verbo báltico mato, en lituano: él ve) y los vigilantes en la torre eran los “gibourins” (46) – lit. žiburys, luz producida por una llama, dado que la torre era un lugar de señalización. (47)

De muchísima importancia era la vestimenta. La menciona Alfonso X El Sabio refiriéndose a la más temprana historia de los godos en la costa del mar Báltico: “eran yente que fazien pobre uida dotra guisa, mas uistien se noblemientre” (eran gente que hacían pobre vida de otra manera, pero se vestían noblemente) (48). Cuando los godos conquistaron Roma, introdujeron su muy elaborada y vistosa vestimenta masculina y ésta se mantuvo en la nobleza europea durante toda la Edad Media, que es cuando vemos aquellos atuendos masculinos cada vez más llamativos. Por cierto que las palabras españolas zapatos, escarpín y gorra fueron traídas a España por los godos.

No sólo “uistien se noblemientre” tanto en su país de origen como cuando llegaron a España, sino que otorgaban gran importancia al comportarse “noblemientre”. Los godos trajeron a España la palabra y el concepto del “honor” – en castellano garbo, en lituano moderno “garbė”, cuya traducción es “honra”, mientras que el hombre “garbingas” es el hombre de honor (a no confundir con los “gardingos”, voz con la misma hechura gramatical, que designaba en España la guarnición goda de las ciudades, por la voz lit. “gardas” – recinto cercado-, que posteriormente evolucionó en los idiomas eslavos en la palabra gorod - “ciudad”).

El honor y el respeto por la mujer eran de rigor. En la antigua legislación báltica, donde el asesino era castigado con la pena capital y la familia del occiso debía recibir una indemnización pagada por los parientes del asesino, existían tasas fijas por cada vida según su status social, pero la vida de la mujer valía el doble de la del hombre (49). El robo tenía pena de muerte (50). Faltar a la palabra de honor era castigado con la pena capital (51). Tocar con la palma de la mano derecha la palma de la mano derecha de otra persona, era un juramento de paz y este gesto de dar la mano, quedó en la cultura occidental como un saludo de paz (52).

La expansión
Es difícil fechar el momento en que se desarrolló entre los bálticos el estricto sistema de vida familiar y social que se refleja en sus más antiguas leyes, pero cabe observar que el vocabulario llevado a las tribus fino-ugrias en el segundo milenio antes de Cristo, indica que los bálticos ya habían desarrollado en esa época una cultura material estable, anclada en el concepto de la familia y la productividad. Es de suponer que en esos tiempos lejanos de gran mortandad y pésimas condiciones de vida, el hecho de que existiese una sociedad organizada y previsiva, debe haber producido una población más numerosa, cuya subsistencia exigía disponer de nuevas tierras y nuevos pastos. La emigración se convertía en una necesidad y los emigrantes llevaban a sus vecinos los conocimientos que poseían para desarrollar su productivo sistema de vida. Recordemos que Jordanes dice que la isla de Scandia de la que partieron los godos era como una fábrica o bien como la vagina de las naciones (“quasi officina aut certe velut vagina nationum”). Por su parte, Alfonso X El Sabio define Scandia “cuemo fuente criadera de yentes”- como fuente criadera de gentes.

El historiador Matheus Praetorius, ilustra en su libro Orbis Gothicus (Mundo Godo) (en las páginas “Orbis Gothici”) escrito en 1688, la temprana radiación cultural goda en las naciones escandinavas y germanas. Asimismo, Praetorius, al igual que Jordanes y Alfonso X El Sabio, se refieren al antiquísimo avance godo en los Balcanes, a la Grecia premicénica, a lo que hoy es Turquía y a la India nor-occidental, lugar ese último, donde los bálticos dieron nacimiento al idioma sánscrito.

En los siglos IV y V de nuestra era, la siempre renovada expansión goda alcanzó por primera vez en su historia la costa del Atlántico, a raíz de su avance sobre el sur de Francia y España. El libro de Jurate Rosales “Los Godos - El eslabón perdido de la historia europea”, cuyas dos ediciones se agotaron en Venezuela (53) y luego otras dos, editadas por Ariel (54), se vendieron en las librerías españolas, ilustra con múltiples detalles ese último e importantísimo avance godo, así como la profunda huella que imprimió su cultura en la España contemporánea.

Finalmente, quizás a esa antiquísima costumbre goda de enviar a uno de los hijos, el “hidalgo”, a buscar más tierras, con la encomienda de quemar las naves, echar raíces y mezclarse con la población local, es que debemos ciertas características propiamente hispanas de la conquista de Iberoamérica. Posiblemente allí radica la diferencia que hasta el día de hoy marca una separación de blancos e indios en América del Norte colonizada por anglosajones, en contraste con la mezcla racial que es el signo distintivo de América Latina, colonizada por los hispanos. Igual como siglos antes había ocurrido cuando los godos se mezclaron con los ibero-romanos en la península ibérica.


Hipótesis final

A medida que avanzan los estudios arqueológicos en toda Europa, se va confirmando que en las Edades de Piedra y de Bronce, los intercambios culturales y económicos eran muchísimo más desarrollados de lo que se creía. En el caso particular de los bálticos, sus rutas comerciales fueron fáciles de seguir, debido a que su principal producto de exportación era el ámbar. El lugar en el mundo donde más abunda el ámbar es el sureste del mar Báltico y la mayor cantidad de esa gema se recolecta en las costas de Prusia, Lituania y Letonia.

Los arqueólogos están siempre atentos a la eventual presencia de pedazos de ámbar en las excavaciones y cada vez que esas piedras aparecen en lugares como, por ejemplo, las antiguas civilizaciones mezo-orientales, un análisis químico permite definir si proceden del mar Báltico. El hallazgo de ámbar báltico a lo largo de las vías fluviales de Europa, rumbo a Asia central, Asia Menor y el Medio Oriente, han permitido trazar las llamadas “rutas del ámbar” en tiempos tan lejanos como la Edad de Bronce. (55)

Uno de los hallazgos más interesantes proviene de la capital asiria, Nínive, donde se encontró un pedazo de ámbar con una inscripción fechada hacia el 2000 antes de Cristo. La inscripción explica que esa piedra se pesca en el mar donde la estrella del Norte se encuentra en la cúspide (56). Esto significa que hace 4000 años, existía un intercambio comercial entre el norte de Europa y lo que hoy es Irak, y que en Irak conocían, por las estrellas, el lugar geográfico de donde les llegaba el ámbar.

Viéndolo en sentido contrario, en la zona costera lituana se ha encontrado, en una excavación, una estatuilla del dios del trueno hitita (57), prueba de que había comunicación entre Lituania y ese antiguo imperio de Asia Menor, cuyo esplendor se calcula entre 1450 y 1200 antes de Cristo.

La hipótesis que nos atrevemos a adelantar, es que gracias al comercio del ámbar, haber aprendido y reproducido lo que vieron en materia de agricultura, cría y textiles, pero la diferencia del clima los obligó a ingeniarse para crear métodos propios, que les ayudaran a sobrevivir durante los largos meses entre noviembre y marzo, cuando todo a su alrededor se cubría de nieve. Es posible que gran parte de lo que conocemos como la cultura báltica, haya sido el producto de esa exigente adaptación.

La confirmación o negación de esa hipótesis seguramente nos llegará en unos pocos años, dado un extraordinario hallazgo arqueológico, que con toda seguridad brindará las respuestas requeridas.

En 1970, se iniciaron en Lituania unas excavaciones en un complejo de cinco colinas en un lugar llamado Kernavė, situado a 35 Km de la actual capital Vilnius. Se suponía que Kernavė era una antigua capital desaparecida en la Edad Media y que en la colina central se erguía el palacio real, siendo las cuatro colinas a su alrededor unas fortalezas defensivas. Las colinas son parcialmente artificiales, creadas por el hombre.

Las obras de excavación arqueológica avanzaban poco a poco, cuando bruscamente, todo el panorama adquirió otro significado. En 1979, un derrumbe elegantemente llamado por los medios “accidente geológico”, abrió una de las colinas hasta su base, revelando 10.000 años de presencia humana. En palabras del arqueólogo jefe Aleksas Luchtanas, aquello era como cortar una torta de muchas capas.

El hallazgo era tan extraordinario, que en mayo 2005, la UNESCO proclamó el lugar “patrimonio de la humanidad” por tratarse de “un testimonio excepcional de la evolución de las ocupaciones humanas en la región báltica durante un período de unos 10.000 años.” (58)

Por el momento, sólo se ha excavado y estudiado un 2% de lo que ofrecen las 200 hectáreas del patrimonio arqueológico de Kernavė, pero los trabajos prosiguen y la expectativa es grande.

El “Baltic Times” la describió así: “Pocos países tienen la suerte de encontrar un tesoro arqueológico que haya preservado 10 milenios de asentamientos humanos. Es un descubrimiento impresionante, sólo comparable con la ciudad griega de Troya, que se consideraba un mito hasta que hacia finales del siglo XIX los arqueólogos excavaron una colina en Turquía probando que existió y mostrando una secuencia de 8 ciudades superpuestas en ese lugar.” (59)

Valga la comparación, porque igual como sobre Troya se ha escrito durante siglos que era un mito y nunca existió, algo similar parece haberles ocurrido a los godos y al conocimiento de su cultura.


NOTAS:
1 Poleo, Rafael. Prólogo, pp. .III-IV. Los Godos, Rosales, Juratė Statkutė de, Ediciones de la revista Zeta, Caracas, 1998. ISBN 980-07-5491-1.
2 Idem. p.III.
3 En alemán: “Draussen im nördlichen Eismeer liegt eine grosse Insel namens Skandza, von der gestalt eines Zitronenblatts mir krummen Seitenkanten, weit in die Länge gezogen. Sie liegt vor del Múndung del Vistula, welche auf den sarmatischen Gebirgen entspringt aud gegenüber von Skandza, Germanien und Scythien scheinend, in drei Mündungen in den nördlichen Ozean fliesst.” Gotengeschichte, nebst Auszügen aus seiner Römischen Geschichte, übersetzt von Dr. Wilhelm Martens, herausgegeben von Alexander Heine, 1914. Phaidon Verlag in Essen, 1986, isbn 3-88851-076-6.
4 Menéndez Pidal, Ramón. Primera Crónica General, Estoria de España, Madrid, 1906.
5 Adami M.GestaHammah. Eccl.pont.Liber IV, Descriptio insularum aquilones, cap.223. Cf. K. Būga, Raštai, t.III, p.159.
6 Alfonso X El Sabio, La primera Crónica General, Estoria de España. Publ. por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 1906., Cap. 386.
7 Strabo; Pomponio Mela; Plinio El Viejo; Tácito; Ptolomeo; Jordanes; Alfonso X El Sabio; etc.
8 Pomponius Mela, De Chorographia, L. III, 3, 31.
9 Pomponius Mela, Chorographie. Société des belles lettres, Paris, 1988. ISBN 2-251-01344. ISSN 0184-7155. p.XIII.
10 Idem, L.III, 6, 54.
11 Gimbutas, M. The Balts, Frederick A. Praeger, New York, Washington, 1968. LCCCNumber 63-18018, pp. 51-53.
12 Idem.
13 Rosales, Jurate. Los Godos. Ariel, Barcelona 2004. ISBN 84-344-6717-8. pp.50-51.
14 Idem.
15 Idem. pp. 45, 51-54.
16 Praetorius, Mateus. Orbis Gothici, 1688, Lib. I, Cap. I, par. III.
17 Idem.
18 Praetorius, Mateus. Orbis Gothici, 1688, Lib.I, Cap.IV, II.
19 Gimbutas, M. The Balts, Frederick A. Praeger, New York - Washington, 1963. Second Printing 1968. Library of Congress cat. Nr. 63-18018. p.100.
20 Lietuvių Enciklopedija, Boston, 1960. T.XXC, p.213.
21 Jordanes, IV.
22 Alfonso X El Sabio, La Primera Crónica General, Estoria de España, T.I, Par.386.
23 Lietuvių Enciklopedija, Boston, 1960, T. XXVII, p. 542.
24 Daukantas, Simanas. Lietuvos Istorija. Plymouth, 1893. pp.104-106.
25 Praetorius, M., Orbis Gothici, 1688, Lib.I. Cf. Rosales, J. Los Godos, Ariel 2004, p. 32.
26 Užpurvis, Jonas. Drei Sprachwissenschaftliche Studien, Foundation of Lithuania Minor, Inc. Chicago, Illinois, USA, 1990. Library of Congress Catalog Card Number 90-84042. Cap.1 “Gründzüge del Saugener Litauischen Mundart, p.24.
27 Menéndez Pidal, Ramón. Obras Completas, Espasa Calpe, Madrid, 1972. t. VIII. p.505.
28 Lloyd, Paul M., Del latín al Español, 1.Fonología y Morfología Históricas de la Lengua Española. Ed.Gredos, Madrid, 1993. ISBN 83-249-1623-9. p. 296.
29 Historia Universal dirigida por Walter Götz. Tomo III. Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1962. p.43.
30 Los Godos, Jurate Rosales. Ariel, Barcelona 2004. ISBN 84-344-6717-8. pp.197-199.
31 Castillo, Iullian del, Historia de los reyes godos que uinieron de la Scythia de Europa , 1624, p.13.
32 Menéndez Pidal, Ramón. La Primera Crónica General, Estoria de España. Tomo I. Madrid 1906.
33 Gimbutas, Marija. The Balts. Frederick A. Praeger, New York - Washington, 1963. Second Printing 1968. Library of Congress cat. Nr. 63-18018.
34 Rosales, Juratė. Los Godos, ISBN 84-344-6717-8, Ariel, Barcelona 2004, p. 71.
35 Idem. pp.43-69.
36 Gimbutas, M. The Balts, Frederick A. Praeger, Nuew York - Washington, 1963. Second Printing 1968. Library of Congress cat. Nr. 63-18018. p.63.
37 Idem. p.46.
38 Idem, p.33.
39 Idem, p.34.
40 Idem.
41 Gimbutas, M. The Balts, Frederick A. Praeger, Nuew York - Washington, 1963. Second Printing 1968. Library of Congress cat. Nr. 63-18018. p.35.
42 Idem, pp.35-6.
43 Būga, K. Raštai, Valstybinė politinės ir mokslinės literatūros Leidykla, Vilnius, 1961, psl.494-6.
44 Carr, Karen Eva. Vandals to Visigoths / Rural Settlement Patterns in Early Mediavel Spain, The University of Michigan Press, ISBN 0-472-10891-3, 1964.
45 Gedgaudas, Č., Mūsų Praeities Beieškant, Meksika, 1972. p.304.
46 Rabelais, F., Pantagruel, Livre V, p.434. Cf. Gedgaudas, Č., Mūsų Praeities Beieškant, Meksika, 1972. p.304.
47 Funk-Brentano, F., La Chevalerie, Cf. Gedgaudas, Č., Mūsų Praeities Beieškant, Meksika, 1972. p.303-4.
48 Alfonso X El Sabio, La primera Crónica General, Estoria de España. Publ. por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 1906., Cap. 386.
49 Deveikė, J., Didžiosios Lietuvos Kunigaikštijos 1529 m. Statutas. Chicago, 1971. LCCCNumber 74-161347. p.24.
50 Idem. p. 238.
51 Lietuvių Enciklopedija, Boston, 1961. t.XXIV, p.32..
52 Idem. Cf Crónica Versificada de Livonia, siglo XIII.
53 Rosales, Juratė Statkutė de, Los Godos, Introducción por Rafael Poleo. ISBN 980-07-5491-1. Ediciones de la revista Zeta, Caracas, Venezuela, 1998 y 1999.
54 Rosales, Juratė. Los Godos, ISBN 84-344-6717-8, Ariel, Barcelona 2004.
55 Gimbutas, M. The Balts, Frederick A. Praeger, Nuew York - Washington, 1963. Second Printing 1968. Library of Congress cat. Nr. 63-18018. p.59. Cf. Rosales, Jurate. Los Godos. Ariel, Barcelona 2004. ISBN 84-344-6717-8. pp.23-4.
56 Rice, Patty C., Amber, the golden gem of ages. Van Nostrand Reinholk Co, New York, ISBN 0-442-26138-1. p.34. Cf. Rosales, Juratė. Los Godos. Ariel, Barcelona 2004. ISBN 84-344-6717-8. p.21.
57 Idem. p. 59.
58 World Heritage Committee documents. Decision 28COM 14B.44. 30th Ordinary Session of the World Heritage Committee.
59 The Baltic Times. March 23, 2005. By Darius James Ross.


Las 4 mentiras sobre los godos
Ensayo de Jurate Rosales, venezolana de orígen lituano.
Dirige desde 1985 la revista “Zeta”, semanario venezolano de información y análisis.
Es autora de los siguientes libros:
“Baltų Kalbų Bruožai Iberų Pusiasalyje” (Rasgos de idiomas bálticos en la península ibérica), en idioma lituano, Chicago, 1985.
“Los Godos”, 2 ediciones de la revista Zeta, Caracas, 1998 y 1999.
“Los Godos” edición ampliada, Ariel, Barcelona, España, 2 ediciones en 2004.
“Goths and Balts” (Godos y bálticos) en inglés, Vyduno Fondas, Chicago, 2004.